Editorial


Diciembre 2019

El cuestionado desempeño del Ministerio de Salud de la Nación, devenido en Secretaría, culmina, en forma abrupta, con la virtual expulsión de su responsable, Dr Adolfo Rubinstein.

La controversia por la resolución que aprueba el Protocolo ILE, obró como un potente combustible, reavivando un debate que lejos de haber terminado con el rechazo a la ley malograda el año pasado, sigue muy presente ahondando la grieta entre verdes y celestes.

Inoportuno el Secretario de Estado, en varios sentidos.

Formando parte de un gobierno que está a horas de terminar su mandato, le imprime una velocidad inusitada a la pretendida resolución de un tema en el que cualquier aprendiz de observador político, sabe que todavía hay mucha tela por cortar.

En un contexto de alta tensión, que por suerte viene transcurriendo pacíficamente, es cuando menos imprudente que, sabiéndose el pato rengo, encare una cuestión respecto de la cual, el propio Presidente electo anunció que enviaría un nuevo proyecto de ley.

El gobierno reaccionó derogando el decreto y echando al Secretario con lo que como en el juego de la oca, volvimos al punto de partida, lo que no significa que el episodio haya sido inocuo. El daño ya está hecho, con independencia de la posición de los unos y los otros. Si no se entiende que las grandes controversias se saldan con consensos, no se entiende nada.

Y si no se entiende nada, no se puede ocupar determinados lugares. La remanida jugarreta de ponerse el sombrero de técnico para disfrazar la burrada política y viceversa, en los máximos niveles de gestión, ya no convence a nadie.

Sobre todo cuando no se trata de la excepción. Porque además del Protocolo ILE, mientras juntaba los portarretratos de su despacho, firmo la Resolución que incorpora al PMO, la cobertura al 100% de medicamentos que se utilizan para el cambio de sexo, sin ninguna consideración respecto del sustento financiero para su provisión. Seguramente se habrá ganado la simpatía de las personas cuyo sexo biológico no coincide con el percibido. Seguramente no sentirán la misma emoción, aquellos que vean dificultado su acceso a un tratamiento indispensable porque la precaria situación económica del Sistema, terminó de derrumbarse.

Y como si esto fuera poco, un ratito antes de despedirse de sus colaboradores, emitió las “Recomendaciones para la sustitución definitiva de las instituciones con internación monovalente hacia redes integradas de Salud Mental con base comunitaria”.

Pocos saben qué significa, aunque ya el tamaño del título supone un barullo demasiado complicado para ser abordado por el pato que a esta altura ya está parapléjico.

Con o sin Ministerio, la Salud merece otra cosa.

COMISIÓN DIRECTIVA