Editorial


Enero 2020

Iniciamos 2020 con grandes expectativas. Con más interrogantes que certezas, en tanto la crisis argentina en general y la de Salud en particular, no han encontrado aún la salida que todos ansiamos.

No pretendemos la inmediata solución de problemas de larga data que seguramente requerirán de bastante tiempo, sino al menos comenzar a visualizar la tendencia en el enfoque de lo que creemos imprescindible para sostener los servicios de Salud.

Está claro que es imprescindible proveer el financiamiento adecuado para un sistema que se ha deteriorado como consecuencia de una suerte de tormenta perfecta en la que confluyen, un incontrolable aumento de costos con una caída de la recaudación. Difícil, si no imposible en ese marco, encontrar un punto de equilibrio para darle sostén al sistema.

Como es sabido, el incremento de costos no es consecuencia sólo de factores macroeconómicos como la devaluación o la inflación, sino que hay elementos propios del costo sanitario como el hiperdesarrollo tecnológico, tanto en aparatología como en medicamentos, el costo creciente de los protocolos de abordaje de patologías complejas, el envejecimiento poblacional, y una conducta prescriptiva fuertemente condicionada por la oferta de servicios que hacen a la llamada “inflación de la salud”.

De tal forma, es claro que además del incremento del flujo económico destinado al sector, independientemente del origen, sea que provenga de las Rentas Generales, la Seguridad Social, el bolsillo del usuario, o todos juntos, hace falta un replanteo de aquellos factores, que distorsionados, comprometen fuertemente la viabilidad del sistema.

Desde hace tiempo que se plantea la necesidad de contar con una Agencia de Evaluación de Tecnología, como instrumento para darle racionalidad a determinadas prescripciones sin otro condicionante que no sea la evidencia científica, larga e injustificadamente postergada, su puesta en marcha merece una definición perentoria.

También deben ser revisadas una cantidad de normas que obligan a la cobertura de prestaciones de altísimo costo y dudosa eficacia, muchas veces vinculadas a la muy mala práctica de legislar por patología, en un mecanismo totalmente divorciado del criterio científico.

En otro orden, la sobrecarga impositiva que soporta el sistema, también merece ser replanteada, porque es un factor determinante a la hora de cerrar las cuentas.

Estos son apena algunos de los componentes que como se dijo, merecen una atención especial y urgente, si se quiere dar un mínimo de previsibilidad ala sistema.

Se entiende que el gobierno que recién inicia su gestión, no tiene la varita mágica para darle solución a todos los problemas en el plazo que el Sistema lo necesita.

Lo que si hace falta lo más rápido posible, es saber hacia dónde vamos.

COMISIÓN DIRECTIVA