Editorial


Junio 2017

No hay caso. Los gobiernos, no terminan de entender. Y el tricefálico Sistema de Salud argentino, no termina de encarnarse en las políticas públicas.

Los Estados, en el mejor de los casos se ocupan de los efectores públicos y los programas sanitarios.
Prácticamente nada ni nunca, se han involucrado en la temática del subsector privado.

Salvo, claro está, para intervenir con pocas luces sobre la regulación de la medicina prepaga.

El prejuicio sobre la presunta existencia de un monumental negocio, que lucra salvajemente con las necesidades de salud de una desprevenida, desprotegida e ignorante población, alentó la sanción de la ley de regulación, votada afirmativamente por la casi totalidad de los legisladores, a excepción de los del actual partido gobernante, que se diferenciaron de la maquinaria votante, con una módica abstención.

Diferenciación al fin, generaron la tenue expectativa que si les llegaba el momento de gobernar, las cosas serían distintas. Porque aún en el marco de una legislación patética, se puede hacer el esfuerzo de aplicarla con sentido común, mientras se intenta modificar las cuestiones de fondo con sus intolerables contradicciones.

No se entendió, y a juzgar por las últimas medidas, tampoco se entiende todavía, que en tanto se atente contra la viabilidad del subsistema privado, también se perjudicará el sector estatal, que no está en condiciones de contrarrestar el terrible daño social y sanitario que ocasionaría el desplome, aunque sea parcial, del sector privado.

La espantosa política de precios ya no controlados, sino pisados, a contramano de la realidad económica del país y de las empresas, no encuentra ninguna justificación racional.

El Ministro de Economía de la Nación, se refirió al tema, reconociendo que los precios deberían responder a otra lógica, pero por ahora el Gobierno les pone este techo.

Ergo, no importa mucho si se funde el financiador, el prestador, o los dos, ni la repercusión de esa eventualidad.

En concreto, el gobierno autorizó a través de la Superintendencia de Servicios de Salud, un incremento del 11% a la medicina prepaga a partir del mes de Julio del corriente año, que luego la Secretaría de Comercio, ordenó desdoblar en dos cuotas, 6% en Julio, y 5% en Agosto, suponiendo probablemente que de esa manera harían más digerible la tapa de los diarios, que todos los días torpedean con el incremento de precios.

No lo lograron, dispararon igual. Primero porque el negocio es así, y luego porque a nadie le gusta gastar en la atención de su salud.

De la paritaria de los trabajadores del sector superando el 20 %, del incremento del valor de los insumos, tarifas, impuestos etc., y del retraso que sufren los valores de consultas y prácticas médicas en general, es decir de la verdadera estructura de costos que la misma ley ordena analizar, ni noticias.

Y obviamente si no se sostiene la estructura de costos, la supervivencia dentro del sistema se convertirá en un ejercicio Darwineano dependiente de la capacidad de financiación de cada empresa, generalmente muy vinculado al volumen de su presencia en el mercado.

¿No será hora de cambiar?

 

Comisión Directiva
Círculo Médico Lomas de Zamora