“Muchos ocultan la enfermedad porque son discriminados”

HIV SIDA
sarroLa infectóloga Emilia Liliana Sarro lo plantea como una preocupación a la hora de referirse a la actualidad de la enfermedad en la Argentina. Así como reconoce cosas que se hacen bien, manifiesta sus críticas por el no cumplimiento de las normas y la falta de una eficaz política de Estado que permita un acceso más generalizado al diagnóstico y tratamiento.

A la doctora Sarro le gustan los desafíos. El área de infectología del Policlínico Santamarina de Monte Grande es su centro de acción. La Revista la convocó para hablar específicamente del HIV Sida, enfermedad sobre la que ha habido importantes avances, pero continúa siendo un problema de salud mundial. La profesional es una reconocida especialista y desde hace años coordina equipos de trabajo para colaborar en la lucha tanto desde lo preventivo como en el tratamiento efectivo.

Sarro estima como difícil que se cumplan a futuro las metas previstas por las organizaciones mundiales más prestigiosas para reducir notablemente los índices; se ampara para eso en lo que muestra la actualidad y más que nada las estadísticas.

En cuanto a nuestro país, destaca progresos e iniciativas que se vienen cumpliendo bien, aunque habla de falencias y deudas pendientes: en la aplicación de las normas y las dificultades para un mayor acceso a todos. Por otra parte, expresa su preocupación por el aumento en la cantidad de casos en jóvenes de entre 15 y 25 años; también por la relajación en el uso del preservativo y el desconocimiento aún persistente sobre los modos de transmisión. Alienta la idea de instruir aún más a los médicos de cabecera para anticipar el tratamiento y mejorar los planes de educación sexual en las escuelas.

Lo más sustancial de la entrevista, que en adelante compartimos, fue su referencia a un aspecto que sigue tallando y no es menor: la discriminación, razón por la que muchas personas ocultan la enfermedad.

LR: ¿Cuál es el estado actual de la enfermedad?
- En este momento estamos en un momento de meseta. En el año 2015 se estableció una meta tanto por la ONU junto con la OMS y la OPS, que se llamó “90, 90, 90”. Para el año 2020 un 90% de todos los pacientes deberían estar diagnosticados, un 90% deberían estar tratados y un 90% deberían tener carga viral negativa, que es lo deseable para evitar la epidemia. Y de esta forma, si se llegara a cumplir con esa ambición en el año 2020, en el 2030 se determinaría la desaparición de la epidemia. En la actualidad nosotros estamos con el 87 por ciento de las personas diagnosticadas, las personas tratadas son un 83 por ciento y las que tienen carga viral negativa un 67 por ciento (pacientes que no tienen replicación viral en sangre, no contagian, pero deben seguir un tratamiento de por vida)

LR: ¿Qué muestran además las últimas cifras oficiales?
- Nos valemos del informe epidemiológico de diciembre de 2018, todavía no hay datos del 2019. Nos refleja que hay 5600 casos nuevos anuales de pacientes con VIH. Y de ellos, un 37 por ciento tienen diagnóstico tardío. Eso es en nuestro país. En el mundo en total hay alrededor de 150.000.

“...Desde el año 2015 hasta ahora casi se cuadriplicó la cantidad de pacientes con sífilis. El hecho de que haya muchas enfermedades de transmisión sexual quiere decir que no se está usando preservativo...”

LR: Con esta tendencia, ¿llegan a las metas que están propuestas?
- Yo creo que no llegamos. Hay que mejorar mucho más porque ya estamos finalizando el 2019 y no se está llegando al “90, 90 ,90”. Hay que trabajar más en políticas de estado. Por ejemplo, nosotros tenemos un 4,1% de transmisión vertical -de madre a hijo-, y deberíamos mejorarla a cero. También tenemos que poder llegar mejor a poblaciones de riesgo, como personas transexuales, personas en situación de encierro, adolescentes, niños, consumidores de drogas, a los hombres que tienen sexo con hombres. Es una necesidad poder llegar a grupos especiales, respetando un poco más al otro y evitando la discriminación. Otra cosa también es la necesidad de hacer un testeo más fácil. Desde el año 2015 hasta ahora casi se cuadriplicó la cantidad de pacientes con sífilis. El hecho de que haya muchas enfermedades de transmisión sexual quiere decir que no se está usando preservativo.

LR: ¿Se sale a buscar al paciente o se espera a que venga al hospital?
- Hay lugares que salen a buscarlos. Otros llegan acá. Por eso se está tratando de que todo esto mejore. El testeo tiene que ser fácil y llegar a todo el mundo. Los testeos ahora tienen más del noventa por ciento de especificidad. La tendencia es a hacer el examen de VIH y hacerle la carga viral, que es lo que se necesita para empezar el tratamiento lo antes posible. Eso todavía sigue siendo muy difícil porque hay que pedir autorizaciones para la carga viral. Hay algunos centros en los que uno tiene que derivar las muestras. Todavía ese testeo fácil, llamativamente, es complicado. Y no hablemos de las obras sociales.

LR: ¿Eso tiene que ver con que no existe una coordinación nacional en cuanto a esos procedimientos?
- Yo creo que existe. El problema es que no se aplican las normas. Es una falla de la política en general, cualquiera fuera el gobierno. En la prevención, pero también en la ejecución de tareas, abriendo cada vez más el campo para todos, especialmente en donde es más difícil llegar. En este sentido debemos priorizar los lugares más pobres donde por una cuestión cultural el diagnóstico y tratamiento es más arduo.

LR: Si viene una persona de afuera de CABA que quiere hacerse el test, ¿ustedes se lo hacen?
- Sí, no hay problema. Es totalmente gratis. Tenemos la consejería, en la cual se le hace la orden para realizar el VIH y se lo aconseja, porque no sólo es el testeo sino también ver cómo la persona está preparada para recibir la noticia y, en el caso de que el test resulte negativo, que la persona siga con la prevención. Si tuvo conductas de riesgo va a tener que mejorarlas. Por eso no sólo se hace una orden sino que se atiende a través de la consejería.

LR: ¿El conocimiento sobre el avance de los medicamentos llevó a que mucha gente dejara de tener conductas de prevención?
- Es algo que se está observando últimamente. La medicación es muy buena pero hay que ser muy adherente. Las drogas de origen sintético y el alcohol te llevan a conductas riesgosas. Tanto en el hombre como en la mujer el 98 por ciento del contagio es sexual. Ahora bien, en el caso de los hombres, el que tiene contagio por contacto con hombres es el 57 por ciento mientras que con mujeres el 43 por ciento. El problema es que está aumentando la brecha de edades. Cada vez hay más chicos jóvenes que se diagnostican VIH positivo entre los 15 y los 25. Y esto es porque no usan preservativo. Hay muchos casos de jóvenes que tienen conductas sexuales en las que no toman las medidas de prevención. En cambio, en el caso de las mujeres, hay un alto nivel de testeo de mujeres embarazadas. Aunque haya embarazos de chicas jóvenes, tienen una mayor llegada al sistema de salud. La mujer, alguna vez, se encuentra con el sistema de salud durante el embarazo. Por eso hay una mayor captación. En la mujer lo que se ve es que hay un mayor crecimiento a partir de los cuarenta años. Aunque la edad promedio de los dos es alrededor de los treinta.

“...Muchos se angustian, así que necesitan un apoyo psicológico para poder aceptar la enfermedad, y en los menos a veces tardan mucho tiempo en poder aceptarla. Sobre todo por el factor de la discriminación porque sigue siendo así, en lo laboral y en la familia misma por ejemplo...”

LR: ¿Existe desinformación sobre las formas de prevención?
- Yo creo que sí. El desconocimiento está en todas las enfermedades de transmisión sexual. No sólo tenemos que evitar el VIH sino también disminuir por ejemplo la sífilis neonatal y otras enfermedades sexuales. No hay educación sexual útil. Hay una ley pero no se cumple en las escuelas. Por eso creo que es una política de Estado. Hay que tener en cuenta muchos factores: la educación sexual, la disponibilidad de preservativos, la medicación accesible, el diagnóstico temprano, la atención del médico. Es desde varios lugares en los que uno debe trabajar.

LR: ¿Se puede suponer que la condición social tiene que ver en esto?
- Sí. A mayor nivel cultural mayor es el riesgo. Por ejemplo en el caso de los hombres que tienen sexo con hombres, el nivel cultural es muy elevado, incluso a nivel terciario. Por un lado esto de la llegada al sistema público afecta a quienes tienen un menor nivel de instrucción. Pero también sucede que las personas con alto nivel de instrucción se están contagiando. En unos es por desconocimiento y en otros por relajación.

LR: ¿Cuáles son los tipos de profilaxis?
- La post exposición es para alguien que ha tenido una conducta sexual o un accidente. Ahí se hace una profilaxis que dura veintiocho días con un tratamiento anti retroviral. Después tenemos el que se usa pre exposición, que es un tratamiento implementado por ejemplo en parejas cero discordantes, es decir una VIH positivo y otra negativo, o en trabajadoras sexuales, o en pacientes que decidan no cuidarse con otros métodos. Lo que sucede es que no está cubierto por las obras sociales. Hay varios medicamentos. Si hay un ingreso viral, lo que se hace es suprimirlo. Sale treinta mil pesos la caja y el Estado no lo provee; sí provee el post exposición. Está comprobado que ambos son efectivos.

LR: ¿Cómo es el acceso a la medicación?
hiv- Es gratuito y generalizado. Sin embargo este año, por ejemplo, hubo faltantes. En general la medicación es provista por el ministerio de salud a nivel general. De cada diez personas que están en tratamiento seis reciben la medicación por el Estado. El programa es a nivel nacional y provee la medicación. También se está tratando de trabajar para que llegue a los primeros niveles de atención, que no sea el infectólogo solamente el que provea el tratamiento. En pacientes que están bien, que son adherentes, que toman su medicación podría suceder que la reciban a nivel primario. Porque si no, todos los infectólogos concentran el tratamiento y eso es complejo. Los médicos en general se asustan cuando llega un paciente con VIH al consultorio. No por el VIH en sí sino por el tratamiento. Piensan que es muy complicado y no es así. Uno podría normalizar y reglamentar cómo es el tratamiento. Hace más o menos quince años había un proyecto de programas de médicos de cabecera donde uno instruía los instruía en el seguimiento y tratamiento, pero eso se cayó. Debería ser así para que se pudiera testear en cualquier unidad sanitaria y el tratamiento se pueda hacer ahí. Para poder llegar a las metas de las que hablábamos antes también deberíamos incluir esto, pero es complicado.

LR: ¿Cuál es la actitud del paciente una vez que recibe el diagnóstico?
- Muchos se sorprenden. Otros todo lo contrario porque tenía conductos de riesgo. Muchos se angustian, así que necesitan un apoyo psicológico para poder aceptar la enfermedad, y en los menos a veces tardan mucho tiempo en poder aceptarla. Sobre todo por el factor de la discriminación porque sigue siendo así, en lo laboral y en la familia misma por ejemplo. También las campañas y la educación sexual tendrían que trabajar en ese aspecto. Muchos ocultan la enfermedad porque son discriminados.

LR: ¿Cuál es la diferencia entre el VIH y el SIDA?
- Del SIDA ya no se habla más, se habla de infección por VIH. Porque el tratamiento es tan bueno que se puede tener un buen pasar de vida mucho tiempo. Antes el paciente que tenía SIDA era porque la enfermedad era avanzada con un estado inmunológico malo. Ahora incluso a pesar de tener la enfermedad se puede ingresar al tratamiento y vivir muchísimos años una vida normal. Lo que sí hay que tener en cuenta es que la mortalidad se mantiene bastante estable. En el caso de los diagnósticos tardíos, los pacientes que tienen VIH y enfermedad marcadora siguen teniendo un índice alto de mortalidad. El estadio es muy avanzado y las defensas son muy bajas. Por eso es importante el diagnóstico temprano.

LR: ¿En el caso del diagnóstico temprano cómo es el pronóstico?
- La expectativa de vida es alta. Puede llevar su vida con normalidad. Por eso ahora, como la expectativa creció tanto, tenemos muchos pacientes que envejecen con nosotros. Entonces empiezan a tener todos los problemas asociados a la vejez. No sólo le estás tratando el VIH como infección sino también esos problemas. Por eso es necesario que, si se trabajara en atención primaria, haya un trabajo multidisciplinario, porque son pacientes que, al tener un pronóstico de vida normal, envejecen y tienen ciertos problemas propios de la edad. A veces por tantos años de medicación hay algunos efectos. Son pacientes que tienen que estar controlados, por supuesto.

LR: ¿Hay algunas vacunas?
- Todavía las vacunas están en proyecto, no hay ninguna que exista hasta la fecha. Hay una medicación que se está estudiando para aplicarse una vez por mes o por semana.

LR: ¿Los medicamentos tienen efectos secundarios?
- Sí, pero son mucho menores a los que tenían antes, e incluso se toma mucho menos cantidad de comprimidos de los que se tomaban antes. Ahora el tratamiento es un comprimido o dos por día. Siempre se está tratando de que la industria junte drogas en un mismo comprimido para que sea más fácil el tratamiento. Cada vez las drogas son mejor toleradas y producen menos efectos adversos en los pacientes.

LR: ¿Hay mucho porcentaje de abandono del tratamiento?
- Hay un porcentaje de abandono y otro porcentaje de pacientes que rotan por distintos hospitales. Yo creo que la causa del abandono es el cansancio de tener que tomar la medicación todos los días. Pero por ejemplo si uno padece diabetes o hipertensión el tratamiento es incluso más complejo. El problema es lo social, la discriminación. Algunos también tienen problemas por la forma en que se contagiaron. Uno trata de hablarles desde ese lugar y les explica. Muchos lo toman normalmente. Cuando uno determina un tratamiento lo tiene que hacer personalizado, viendo en qué trabaja, cómo es su familia, si puede desayunar o no por ejemplo. La medicación no tiene que afectar su vida normal. Tiene que tener una vida normal y plena, con su trabajo, sus ejercicios, su recreación y todo.

 


FORMAS DE TRASMISIÓN

Sarro fue sintética:
“Por relación sexual, ya sea anal, oral o vaginal. Por supuesto es más alto el riesgo en una relación anal que vaginal y más en una vaginal que en una oral. Otra vía de transmisión es de madre a hijo. Y la última forma es el contacto con sangre, por ejemplo en los accidentes corto punzantes, pero el riesgo es muy bajo. No se transmite por picadura de mosquito ni por estar en contacto con otros fluidos, como la materia fecal por ejemplo”.


PERFIL DE LA ENTREVISTADA

La doctora Emilia Liliana Sarro estudió en la Facultad Nacional de La Plata. Hizo la residencia en el Hospital Gandulfo en Lomas de Zamora y la especialidad en segundo nivel en infectología en el Hospital Muñiz. Integra la Sociedad Argentina de Infectología. Es jefa de la Unidad de Infectología del Policlínico Santamarina.


 

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