Ser Médico

sermedicoConmemorar, celebrar, festejar son términos que se asocian comúnmente a alguna efeméride y en general van acompañados de actos formales o informales pero muchas veces deberían acompañarse de reflexiones que no se hacen, comúnmente, por el agitado trajín de la rutina que nos abraza.
El 3 de Diciembre por razones que se repiten año a año y que todos conocemos es el Día del Médico.

Definir qué es ser médico hoy es un interrogante que nos enfrenta al ejercicio de bucear en lo más profundo de la vocación. Además, nos obliga a indagar en la razón por la cual alguna vez quisimos y decidimos ser médicos. Seguramente no exista una única respuesta.

De acuerdo a una encuesta realizada por la revista Educación para la Salud, en Estados Unidos, “muchos profesionales de la salud respondieron que decidieron estudiar medicina por el estatus que muchos médicos tienen por sus logros y profesión, por lo que trabajar como tal, ofrece una prestigiosa distinción”.
Sin embargo cualquier médico sabe que la profesión no es precisamente un camino de rosas. Entre el creciente riesgo de la mala praxis, el cansancio ocasionado por largas jornadas de trabajo, los papeleos burocráticos y la cantidad de tiempo invertido en cursos de actualización, pueden hacer que la perspectiva de seguir adelante se convierta en sumamente desalentadora.

La pasión por estudiar, investigar y aprender son condimentos necesarios pero no suficientes. Actualizarse, también. Son las reglas de un juego que no tiene fin. Lo sabemos y, gustosamente, las aceptamos.

Actualizarse conlleva la necesaria adaptación que hemos debido hacer, hacemos y haremos como médicos, a los cambios tecnológicos.

Las imágenes y la telemedicina, por ejemplo, han significado un enorme avance en la práctica diaria. También dos o más grupos médicos, conectados por modernos equipos, generando una interconsulta, un ateneo o una clase, a miles de kilómetros uno del otro, pero con la misma fidelidad de lo presencial, otra maravilla que no deja de asombrar.

Por otro lado Médico significa ‘el que cuida’, no necesariamente el que cura. “Curar, a veces; cuidar, siempre”.

Tantas horas dedicadas a la medicina sólo se explican cuando están al servicio del prójimo, de la persona enferma o necesitada. En ello reside la mejor paga. Poder haber sido útil a quien se nos confió.
Se suele decir que uno de los más significativos inventos de la humanidad al servicio del prójimo es… la silla. Sí, una silla es lo que nos permite sentarnos al lado de la cama de un enfermo para escucharlo. Es el puente entre la intimidad del paciente y la escucha del médico.

La relación médico-paciente, hecho clínico sobre el que descansa la actividad asistencial más allá de una relación contractual, como en efecto es desde el punto de vista jurídico, o intercambio de dos personas disímiles en el campo de la psicología, es en su contenido humanístico más amplio un pacto de amor”.

Decía Lain Entralgo, ensayista y Médico español, que “la relación médico-paciente es el encuentro entre dos menesterosos, dos necesitados, uno que quiere curar y otro que quiere que lo curen”.

Pero de este amplio panorama de satisfacción y de calidad de atención subsisten algunas importantes áreas de riesgos potenciales asociados con la nueva cara de la medicina moderna:

  • Aumento en la tecnología, disminuyendo el lado “humano” de la atención.
  • Aumento en las presiones de tiempo, disminuyendo el tiempo de contacto con el paciente.
  • Aumento de la especialización, disminuyendo las relaciones de largo plazo con los pacientes.

Y de qué se quejan los pacientes?
Escuchemos:
“No me preguntó mi opinión”
“No me explicó hábitos saludables”
“No me explicó efectos adversos”
“No me revisó, ni me miró”
“Estaba siempre apurado”
“No le preocupaban mis emociones”

Y siguen las quejas, no exentas muchas veces de razón (¡!)
¿Y si al interrogatorio le sumamos el “escuchatorio”?
pregunta el Profesor Francisco Maglio.

Un aforismo hipocrático manifestaba hace 2500 años: “Muchos pacientes se curan con la satisfacción que le produce un médico que los escucha”

Algunos también ven a la relación médico-paciente evolucionando hacia un modelo de participación mutua, en el cual médico y paciente “discuten abiertamente las alternativas diagnósticas y terapéuticas y deciden en forma conjunta los pasos a seguir”. Así lo manifestaba el Dr. Alejandro Urrutia en una reciente entrevista para “La Revista”.

En definitiva “Ser médico” es ser competente científicamente en la resolución de problemas de salud en el marco de una relación médico-paciente en la que predomine el saber escuchar, con una actitud Docente accesible para lograr una comunicación que ayude al paciente promoviendo así la Salud en la comunidad y en la familia .

“El médico que no entiende de almas no entenderá cuerpos”. (José Narosky)

Feliz Día colegas!

Dr. Fernando Mendyrzycki
NEUROLOGO INFANTIL UNIVERSITARIO

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