Noviembre 2019

Un tema recurrente en torno de la práctica de la medicina es sin duda el del uso racional del medicamento.

Desde hace muchos años que se plantea, por una parte, no sólo cuánto de lo que se prescribe es realmente beneficioso para los pacientes, sino cuánto puede ser perjudicial hasta convertirse en iatrogénico, y por otra, el fuerte impacto económico para los sistemas de salud, donde el costo del medicamento ocupa un lugar preponderante, teniendo en cuenta también, que es un factor de altísima incidencia en el llamado “gasto de bolsillo”, término utilizado para expresar lo que no financia la cobertura de salud.

A ojos vista, ninguna de las iniciativas ensayadas para promover el uso racional y contener el gasto, ha sido efectiva.

Por el contrario, la modalidad prescriptiva es cada vez más agresiva, la oferta de fármacos crece y se hace cada vez más sofisticada y más cara, aunque no siempre más efectiva.

En los últimos años, el desarrollo de los llamados medicamentos especiales, entre los que los monoclonales componen el espectro más novedoso y difundido en el tratamiento de diversos tumores, han triplicado el gasto de los sistemas de salud.

Y no sólo de tumores se trata.

Un caso emblemático de los últimos tiempos, tanto que hasta ha tenido una fuerte repercusión mediática, es el de la Atrofia Muscular Espinal, tratada con Nusinersen, fármaco que irrumpió en el mercado argentino con un costo de un millón de dólares para el tratamiento anual.

Un precio a todas luces imposible de pagar en forma particular, que llevaría prácticamente a la quiebra a muchas obras sociales y empresas de medicina prepaga y hasta dificultoso de afrontar financieramente para el propio Estado.

La buena noticia es que los reportes científicos internacionales muestran resultados beneficiosos con el uso de Nusinersen en determinados estadios de la enfermedad.

Lo que no se puede explicar es que el precio en Argentina, si bien ha ido disminuyendo hasta prácticamente la mitad (¡?), siga siendo de 3 a 5 veces más caro que en los países centrales.

Tampoco se puede explicar que se prescriba fuera de protocolo, sobre todo en lo referido a estadíos donde no se ha demostrado beneficio alguno, y que por vía de amparos judiciales, se ordene su provisión.

O si se puede explicar, adentrándose en laberintos que poco tiene que ver con la práctica médica.

Sólo como referencia, vale la pena reflexionar sobre la observación de Joan Ramon Laporte, Catedrático de Farmacología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y Director de Instituto Catalán de Farmacología, que cuenta que cuando comenzó a dar clases, se dio cuenta que de los veinte medicamentos más vendidos en Catalunya, en el libro madre de farmacología de la época (Goodman&Gilman) figuraba sólo uno!.

Cosas vederes…

 

COMISIÓN DIRECTIVA

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