Feria Medieval en el CMLZ

medieval2019_320Fenómeno popular en distintos rincones de Europa, nació por imperio de la época, las necesidades de abastecimiento e intercambio y las limitaciones que imponía la realidad

Cuando pensamos en una feria, la primera imagen que nos viene a la mente quizá tenga reminiscencias del pasado asociadas a la niñez: la atmósfera barrial, la vecindad convocada para la venta.

Sin tanto fervor, algo apagada, la visión persiste contemporanea: carritos o tiendas en algún espacio público, habitualmente en una plaza o una calle, vendiendo productos. Habitualmente son organizadas en forma de evento – como una ocasión excepcional –, aunque algunas funcionan de manera rutinaria.
En todos los casos son realidades menos poderosas comparadas a las de antaño.

La calle se perdió para todo, aunque persisten esfuerzos por revertir la tendencia (Ver “Cita en Lomas”)
A pesar de las claras diferencias de época, y si por un rato nos olvidamos de la reflexión moderna del fenómeno, podemos inferir que algo así también eran las ferias medievales europeas: una experiencia fuera de lo común que unía a los mercaderes – y sus productos - con aquellos que quisieran comprarlos. Oferta y demanda, bajo las pautas del momento.

Hace más o menos un milenio atrás, el mundo funcionaba de manera muy distinta a como lo conocemos ahora. Las ciudades estaban poco comunicadas unas con las otras a través de caminos que eran peligrosos y difíciles de recorrer. Para trasladarse de una ciudad a otra podían tardarse semanas o incluso meses.

Por lo tanto, el abastecimiento de las ciudades y pueblos, tanto de productos de primera necesidad como de mercaderías exóticas provenientes de tierras lejanas, era muy complejo de organizar; una línea de suministro permanente era casi imposible de mantener, tanto por la amenaza de robos en los caminos como por la gran cantidad de impuestos que tenían que pagarse durante el trayecto. Entonces, la mejor alternativa era transportar las mercancías a las ciudades para determinadas fechas. Para ello era necesario organizar la venta de esos productos – cuya gran parte eran perecederos – en un mismo momento del año, durante un período de tiempo corto. Con el calendario como referencia, así nacieron las ferias.

Se realizaban durante un período de tiempo determinado previamente –desde días hasta meses-. Las tiendas se colocaban en las plazas cercanas a las iglesias, que solían ser los centros de las ciudades, aunque en algunos casos los propios señores construían edificaciones permanentes para el evento.

La figura central eran los mercaderes, quienes gozaban de grandes privilegios; sólo podían ser detenidos y sus productos decomisados por los inspectores de los estados. Provenían de diversas zonas, tanto aledañas como lejanas, y traían diversidades de mercaderías, desde productos de primera necesidad como pan, pescado, carnes y especias hasta productos exóticos como tapices, metales preciosos y alfarería proveniente de tierras lejanas.

Por ese entonces, cada región de Europa tenía sus productos típicos que se elaboraban por la costumbre y el clima del lugar. Así, las ferias eran el momento en el que mercaderes de distintas zonas intercambiaban las mercaderías propias de cada zona. Allí sucedía la mayor parte del comercio internacional. Por ello los controles que se efectuaban sobre el comercio eran estrictos, y los señores feudales imponían distintos tipos de impuestos: a las transacciones, a los préstamos, al ingreso de mercaderías al mercado.

La jornada iniciaba a la mañana con el toque de campanas y se extendía hasta que los mercaderes hubiesen hecho su última transacción. Durante el resto del día se organizaban actividades para el entretenimiento de los mercaderes y los clientes; era el momento de los espectáculos públicos con juglares, trovadores, acróbatas y pequeños grupos de teatro. Las tabernas también se mantenían abiertas y era usual que algunas transacciones incluso concluyeran con una jarra de vino de por medio.

A la feria asistían todo tipo de personas: desde señores en busca de productos exóticos hasta campesinos que invertían algunas monedas en telas o hilos.

Durante la Edad Media hubo ferias en las principales ciudades de Europa: Italia, Inglaterra, Francia, el centro de Europa. Hay crónicas sobre estos eventos ya en el siglo V después de Cristo. Se preferían las grandes ciudades para su organización puesto que ahí confluían la mayor parte de los caminos y eran las que más población tenían.

medieval320Es importante marcar la diferencia entre las ferias y los mercados: mientras que las primeras eran un evento excepcional que se vivía como una fiesta, los segundos estaban abiertos todo el año y, en general, eran un panorama desolador. Abundaban los malos olores, la suciedad y el desorden y era habitual que los comerciantes vendieran sus mercaderías en mal estado o adulteradas – por ejemplo, el pan con piedras en su interior para que pesara más – y lo hicieran a los gritos. En cambio, al ser un evento fuera de lo habitual, el ambiente de las ferias estaba mucho más controlado.

En la actualidad, las ferias medievales se realizan también en forma de evento, aunque su principal objetivo ya no es solo el comercio de mercaderías, sino el espectáculo general que conforma cualquier expectativa, festiva, lúdica, social. En ellas se pueden encontrar productos típicos de la época medieval así como actividades tradicionales de la época, como el combate de espadas.

Cada año en Lomas de Zamora, con el apoyo y estímulo del Círculo Médico, los vecinos tenemos la oportunidad de disfrutarlas, amalgamando los recuerdos de nuestro pasado con las brisas peculiares del siempre atractivo medioevo.


Cita en Lomas

El 10 de Noviembre Lomas será nuevamente sede de la Feria Medieval, un espectáculo abierto a todo público que recrea la atmósfera de la época, sus costumbre, hábitos culinarios y entretenimientos.

La convocatoria es en la calle Colombres al 420, frente al edificio del Círculo Médico, a partir de las 11 y con la idea de extender la experiencia hasta las 18 hs.

Habrá música en vivo, muestras de combate, puestos de comida, de productos artesanales, y espectáculos de danza.

Sol Burzaco, organizadora de la Feria, anticipó que en esta oportunidad habrá atracciones adaptadas para los más pequeños.


Posted in Ediciones, La Revista.