“Para cualquier cosa está el botoncito de la enfermera”

enfermera320Con los años de profesión, Mariana Romero aprendió a ser más paciente, ganó en confianza y aplomo. Sigue firme en su vocación de ayuda y cercanía. 

LR: ¿Qué es lo que la llevó a elegir la enfermería como profesión?
En el secundario tenía una materia que trataba sobre salud. Me interesaba bastante. Cuando tenía dieciocho años falleció mi papá, durmiendo en casa. El no poder hacer nada en ese momento me llevó a querer estudiar enfermería para poder hacer algo. No hay ninguna enfermera en mi familia ni nadie que se dedique a la salud. Mi papá tenía una enfermedad de base y su vida corría peligro, pero ver que se está muriendo y no poder hacer fue una experiencia que me marcó.

LR: ¿El trabajo diario va mitigando ese dolor y ese mal recuerdo?
No lo recuerdo tanto como un dolor. Obviamente ya pasaron muchos años y me encantaría que esté. Creo que sí afectó el hecho de no haber podido hacer algo en ese momento, aunque quizás si hubiésemos hecho algo no hubiésemos podido salvarlo. En el trabajo diario encuentro momentos que me permiten ayudar a los pacientes a superar situaciones difíciles y salir adelante. Obviamente eso gratifica.

LR: ¿Está preparada para lidiar con todos los escenarios?
Ya hace trece años que soy enfermera, así que sí. Todos los pacientes son diferentes. La realidad es compleja y variada; quizás en una cama hay un paciente que se está muriendo, pero al lado hay otro que se está yendo de alta. Es cuestión de sobreponerse a las tristezas y disfrutar de las alegrías. Como en la vida misma.

LR: ¿A veces un paciente pregunta sobre los otros pacientes?
Sí, a veces cuando te ven con mala cara sí, por curiosidad. La otra vez me dijeron “uh, estás muy seria”. Hay cosas que no podemos contar, pero sí nos las preguntan.

LR: ¿Cómo hace para transitar esos estados emocionales de casos que le duelen muchísimo a otros en los que hay luces de esperanza?
Los tomamos todos los casos como diferentes. Ahora por ejemplo yo tengo siete pacientes. De los siete quizás hay cinco que están en armonía. Entonces están todos con una misma patología pero cada paciente te llega diferente. Te vas preparando.

LR: ¿Cómo pasa las noches, hace guardia?
Mi jornada actualmente es de 7 a 14, pero he estado y estaré durante las noches. Puedo decir que es algo contradictoria la noche porque decimos que el paciente tiene que descansar, pero a la vez hay que entrar a verlo, prenderle la luz, ver que esté bien. Si surge algo llamamos y viene el médico. Se maneja rápido. Hay que estar siempre alertas.

LR: ¿Puede ser que se dé una circunstancia en la que tengas que tomar una decisión antes de que llegue el médico?
Sí, dentro de lo que podemos hacer, lo hacemos.

LR: ¿Cómo actúa ante ese caso?
Depende de las circunstancias y también de la enfermera. No somos todas iguales. Buscamos lo mismo y trabajamos con la misma dedicación, pero tenemos personalidades diferentes. Creo que igual cada una deja todo y actúa lo más rápido posible.

LR: ¿Qué siente que le brinda a la gente, más allá de lo profesional?
Tranquilidad. A diferencia de los niños, los pacientes adultos sí te hablan y te expresan lo que sienten, lo que les duele, lo que necesitan. Hay veces que con agarrarle la mano ya uno ayuda. El otro día me pasó que una paciente estaba súper nerviosa pidiendo que se quería sentar. Le agarré la mano y le dije “bueno, quedate tranquila, que yo te ayudo”. Esa confianza es lo que se brinda.

LR: ¿Tienen miedo los pacientes?
Mucho, se nota ya en la mirada.

LR: Está todo el día en contacto con el miedo…
Sí. El mayor miedo es al desconocimiento. Están acostados y ven a uno con el uniforme rosa, a otro con el guardapolvo blanco y que entren y le digan “te vamos a hacer esto, lo otro”. A eso se le tiene miedo.

LR: ¿Vio compañeras que traten mal a un paciente?
En muchos lados ha pasado.

LR: ¿Y qué hace en ese caso?
Si pasara acá tratamos de hablarlo. En mi sector somos cuatro y lo charlamos. Todos tenemos un mal día, y puede pasar que alguna venga enojada y se descargue sin querer con el paciente. No debe pasar. Entonces lo charlamos para mejorar nuestro trabajo.

LR: Independientemente de esos momentos, ¿se concibe una manera común en la que tienen que tratar al paciente?
Es muy personal. En la carrera nos preparan para los distintos escenarios, nos inculcan las maneras en cómo abordar los casos y relacionarnos con el paciente. Luego todo va a estar determinado por la profesionalidad de cada uno y su personalidad. Pero más allá de todo, está claro que quien elige esta profesión tiene una vocación de ayuda al otro, al prójimo.

LR: ¿Le miente a los pacientes?
Sí, a veces uno lo hace para tranquilizarlos.

LR: ¿Nos da un ejemplo?
Con la presión, por ejemplo. Aunque la tenga por las nubes le digo “estás bien, estás normal, pero igual por las dudas te vamos a dar esta medicación”.

LR: ¿Cómo es la relación con los familiares?
Justamente en estos días estábamos hablando entre las compañeras que estamos transitando todos a nivel general un nivel de ansiedad y agresividad importante. Algunas veces algunos familiares vienen “con los tapones de punta” a cuestionarnos por qué hicimos esto o por qué lo otro. Tratamos de contenerlos y explicarles. Cuando tus palabras no alcanzan, cambiamos de enfermera o directamente llamamos al médico. A veces lo que los familiares buscan es cerciorarse si la enfermera les dijo la verdad.

LR: ¿El rol de la enfermera, en comparación al médico, es más de contención, cercanía, afecto con el paciente?
Sí, porque pasamos más tiempo junto a ellos. Por ejemplo ayer me puse a hablar con un paciente sobre mi hija, los hijos de él, los nietos. Se torna más relajado. Quizás el médico entra, da las instrucciones, le dice qué le van a hacer y se va. La enfermera trata de ir y distraerlo. Muchas veces voy a charlarles simplemente.

LR: Es que los ven a ustedes más cercanos y accesibles también.
Sí. Para todo. Para cualquier cosa está el botoncito de la enfermera.

LR: ¿Qué paciente en su historia de trece años como enfermera te ha impresionado más, por las razones que sean?
El primer paciente que se murió. Me llegó mucho. No lo entendí. Salió de cirugía y no se comprendió lo que le pasaba, el hombre llamó un montón de veces. Por ejemplo cuando se descompensaba nosotros sacábamos a la familia afuera, pero él nos decía que quería a su familia adentro. Él quería despedirse. Era un señor de ochenta y cuatro años. En un momento él dijo “me estoy yendo, llamá a mi mujer”. No lo entendimos, no la llamamos. Él quería despedirse.

LR: ¿Qué cambió en vos a partir de ese momento?
A partir de ahí ya no saco a nadie afuera. Salvo que el médico me diga que hay una maniobra muy invasiva. Hoy por hoy yo trabajo con la familia adentro de la habitación.

LR: ¿A veces molestan los familiares en la habitación?
Sí, pero porque preguntan o quieren chusmear qué estás haciendo. También los años de experiencia me llevaron a querer dejar los familiares adentro porque sabés lo que estás haciendo, ellos lo pueden ver y no te van a cuestionar nada.

LR: ¿En qué aspecto te hizo mejor persona tu profesión? ¿Te generó aprendizajes?
Aprendí a ser mucho más paciente. Sobre todo con la gente grande. Yo creo que no podría nunca trabajar con bebés. Sí me encanta trabajar con adultos y sobre todo con ancianos.

LR: ¿Logra sustraerse de las cargas del trabajo cuando llega a su casa?
Al principio me costaba y con el tiempo lo fui mejorando. Es aprendizaje y experiencia, como en cualquier profesión. Una vez una profesora de la facultad me dijo “el uniforme te lo ponés adentro y te lo sacás adentro, no te olvides que cuando volvés a casa tenés una familia”.


florence-nightingaleLA CELEBRACIÓN

La italiana Florence Nightingale es considerada la fundadora de la enfermería moderna. Nació un 12 de mayo y en su honor ese día se constituyó el “Día Internacional de la Enfermería”. En nuestro país la celebración es el 21 de noviembre, porque esa jornada de 1935 se fundó la Federación de Asociaciones de Profesionales Católicas de Enfermería, cuya patrona es la Virgen de los Remedios.

 

 

 


 

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