“Vos te apropiás un poco de esa criatura”

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La frase de la enfermera María Queirolo refleja el compromiso, la íntima relación que se genera con esas criaturas que vienen al mundo tan indefensas. En diálogo con La Revista, la profesional nos pone en contexto, nos descubre la intimidad de un vínculo intenso con el paciente.

María Queirolo transmite pasión por lo que hace, habla con elocuencia. Empieza con cierta timidez, pero a medida que avanza la charla se va soltando. En su actividad, la emotividad conduce todo; quizás, por eso, tema en un principio abordar cuestiones sensibles. Con el correr de la entrevista gana en confianza.

Tiene ya una experiencia vasta en enfermería; sabe de lo que habla. Conoce la profesión y sus derivaciones, no siempre previsibles.

Empezó su tarea como enfermera de piso y a los pocos años cursó la especialización en neonatología. Sentía temor al principio. El conocimiento consolidó esa elección y le dio tranquilidad.

Hoy, ya perdidos los miedos hace tiempo, siente que hace lo que le gusta, se brinda por eso.

La convocamos para hablar de un tema delicado: el trabajo con bebés prematuros.

La primera pregunta que le hacemos sale natural. ¿Cómo es ese vínculo con un bebé recién nacido tan vulnerable?

Dice: “Yo creo que tener el conocimiento científico te lleva a comprender cuáles son las necesidades de esos bebes. Se les habla. Por lo general las enfermeras cuando tratan al bebé prematuro pasan a ser un poco sus protectoras y pasan a ser ellas quienes hablan por ese bebé. Porque son las que están toda la guardia con esos bebés y en los pases de guardia les comentan a sus compañeras y al médico si ven una alteración. Empezás también a identificar el llanto del bebé. Si es porque le duele algo, porque tiene hambre. Según la necesidad.

LR: ¿Qué siente usted en lo personal?
Aunque el bebé no te entienda vos empezás a tener algo profundo con él. El hecho de verlo todos los días y ver cómo evoluciona hace que empieces a manejar algo emocional. A pesar de que uno trate de tener una barrera te terminás vinculando igual.

LR: ¿Cómo maneja lo afectivo en estos casos tan particulares?
Se termina volviendo todo muy cotidiano: nace el bebé, se lo baña, se lo pone en la incubadora, se lo da a la mamá. Cuando hay que hacer algún procedimiento un poco invasivo, vamos dos o tres enfermeras. Una lo contiene o usamos analgésicos, que están indicados para evitar que tenga dolor. Cuando el bebé llora nos damos cuenta si realmente le está doliendo o no le está doliendo. Si vemos que está llorando o que algo le duele nos da pena. Somos dos o hasta tres enfermeras en esos procedimientos.

LR: ¿Cómo es la relación con los padres?
Con ellos también se termina teniendo un vínculo y se tiene que saber contenerlos. Por ejemplo yo doy charlas de lactancia. La mamá espera que el bebé de término se prenda a la teta y listo. De repente tiene un bebé de veintiséis semanas y el panorama es otro. Entonces están sensibles y por ahí en el medio de la charla se ponen a llorar. La madre no está preparada. Está preparada para cuidar un bebé sano y llevárselo a la casa. Y son chicos que por ahí están dos o tres meses con nosotros. Después se van familiarizando. Al principio los padres vienen con una barrera, como tensos. A veces vos les decís algo y te preguntan “¿por qué esto?”, pero les explicás que hay protocolos, que es un espacio de neonatología abierto pero que hay que cumplirlos. Después se van acostumbrando. Un montón de veces se despiden llorando. Hasta tardan en irse porque estuvieron tanto tiempo con nosotros que hasta ellos tienen miedo de llevarse el bebé.

LR: ¿Los extraña cuando se van?
Sí. A veces les decimos a los papás que cuando van al control pasen y nos saluden, nos muestren cómo evolucionan. Seguimos teniendo el contacto y nos traen a los bebés. Los papás son agradecidos. Es increíble ver corriendo a esos chicos que nacieron pesando ochocientos o novecientos gramos.

LR: ¿Los médicos son agradecidos?
Sí. En la terapia estamos todo el tiempo con ellos así que pasas a ser su compañero. Se pierde eso de que el médico está por un lado y la enfermera por el otro. Por ejemplo, yo voy y el médico que está es un compañero más. Se rompe el modelo médico hegemónico.

María, como cualquier compañera suya, tiene anécdotas de sobra para contar. Por suerte la mayoría felices. Las excepciones, duelen, por supuesto. Algunos casos no se olvidan, también por lo infrecuente. Es, por ejemplo, el de unos trillizos que hoy tienen ya cuatro años y desparraman salud.

LR: Su profesión requiere de mucho cariño y mucho afecto. ¿La formación académica la prepara también para eso?
Se transmite desde los docentes que uno pudo tener. Luego está lo personal, lo que uno está dispuesto y puede dar. prematuroInfluye también el enfoque que uno quiera darle a su tarea. Yo considero importante ver al paciente de forma holística. No sólo pensar por qué entró al cuidado sino tener una mirada más amplia. Por ejemplo, desde lo emocional. En neonatología se juega mucho lo emocional, sobre todo a trabajarlo con los bebés y los papás. Porque después hay que enseñarles a los papás a que manejen esos bebés que van a llevar a su casa. Entonces hay que tener mucha empatía con ellos, acompañarlos en la internación. Pasan un poco a ser parte del equipo. En neonatología está la incubadora, la mamá, el bebé, los enfermeros y los médicos. Todos juntos. Si uno no tiene afinidad, no tiene empatía con los papás y vas a estar tres meses, la cuestión se vuelve complicada.

LR: Eso el primer día no lo sabía.
¡No! Tenía un miedo bárbaro de hablarle a la gente. Encima yo tenía que ir por las habitaciones, hablar con la mamá y el papá, explicarles todo, darles instrucciones de cómo se iba a manejar todo. Con los años uno lo aprende.

LR: Hay una serie de etapas que pasan los padres con un chico con un trastorno crónico. En la segunda parte se preguntan por qué lo están pasando. Eso los torna agresivos a veces. ¿Usted lo recibe eso?
No, por lo general no. Creo que va también en la contención que le dan los médicos. Apenas nace el bebé le dan un parte, les explican.

LR: ¿Ustedes están presentes cuando se los dan?
A veces sí. Porque como les digo, trabajamos todos juntos. Podemos escuchar el informe sin ningún problema. Cuando los prematuros empiezan la succión oral vienen los médicos y me preguntan delante de los papás sin problemas.

LR: ¿Cómo se preparan para el peor desenlace?
Es complicado. Por suerte en neonatología se ve la evolución y salen bien. No hay una estadística. Capaz que en piso es mayor. Pero bueno, es como que se trata de respetar el momento, se les da otras prioridades a los papás. Si se quieren despedir se deja entrar a otro familiar. Y en nuestro caso, es como que no decimos mucho. Les damos una cierta contención emocional y los dejamos que estén con su bebé.

LR: Y cuando ya se fueron los papás, ¿usted que siente?
Y, bueno. Por ahí suena un poco frío por decirlo así, pero tenés que seguir. Tenemos otros bebés que atender. Sacamos a éste y seguimos con los otros.

LR: Eso lo va curtiendo con el tiempo.
Y, sí. La primera vez que falleció un nene me fui al baño y me puse mal. Pero después uno va comprendiendo mejor que hay que atender a los otros bebés que necesitan atención. Aparte en neonatología es todo dinámico. Lloran y hay que estar ahí para ellos.

LR: Si el bebé prematuro pudiera comprender, ¿qué le diría en esos momentos tan delicados?
Que sea fuerte y que la evolución va a ser favorable y se va a ir a la casa. Es más, a la mañana a veces les decimos “comé, dale, que ya te vas a ir a tu casa con tu mamá”. Me da cosa contarlo, pero les hablamos un montón. A veces nos apropiamos un poco de los bebés. Las enfermeras rotamos una vez por mes. Vas pasando por todos los sectores: terapia, terapia intermedia y bajo riesgo. Más que nada es para que no terminemos estresadas. Entonces un mes te puede tocar un bebé con mayor riesgo, o dos. A veces cuando estás en terapia y te toca salir, te da como lástima. Decís “uy, justo ahora que ya estaba lindo, curadito”. Se lo tenés que dejar a la otra enfermera. Vos te apropias un poco de esa criatura.

 


AL MARGEN

Un niño es prematuro cuando nace antes de haberse completado 37 semanas de gestación.

Nacen niños prematuros en todo el mundo, en países de ingresos altos, medianos y bajos. Cada año nacen unos 15 millones de niños prematuros, es decir más de 1 de cada 10.

La mayoría de los partos prematuros ocurren de forma espontánea, si bien algunos se desencadenan como consecuencia de la inducción precoz de las contracciones uterinas o del parto por cesárea, ya sea por razones médicas o no médicas.

No existe ninguna prueba que permita predecir con exactitud la posibilidad de parto prematuro. No se conocen exactamente las causas de los partos prematuros.

Las mujeres que fuman cigarrillos, beben alcohol y consumen otras drogas recreativas corren un mayor riesgo de parto prematuro. También se sabe que el estrés, cualquiera que sea su causa, puede incrementar el riesgo.

Cada año mueren cerca de 1 millón de niños prematuros. Los que sobreviven pueden enfrentarse a discapacidades físicas, neurológicas o de aprendizaje durante toda la vida, lo cual supone un elevado costo para sus familias y la sociedad.

Los niños prematuros no están totalmente preparados para la vida extrauterina. Se enfrían con más facilidad y pueden necesitar más ayuda para alimentarse que los niños nacidos a término. Como su organismo todavía no está plenamente desarrollado, pueden tener problemas para respirar y sufrir otras complicaciones, como infecciones.

Fuente:
Organización Mundial de la Salud


LA FECHA

El 17 de noviembre se celebra el Día Mundial del Bebé Prematuro. Es una ocasión especial para tener presente las necesidades de estos niños y cómo deben ser tratados desde un primer momento.


 

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