Septiembre 2019

De sapos a príncipes, y viceversa, casi sin solución de continuidad.
Así nos presenta la prensa y en definitiva así percibe gran parte de la sociedad, la labor médica.

Somos los héroes que seguimos operando con la luz cortada, y un rato después, asesinos porque esa operación se complicó.

Esto no es nuevo.
Es un proceso de larga data, en el que múltiples factores han ido contribuyendo al creciente deterioro del ejercicio profesional.

Las relaciones sociales se modifican, no siempre para bien, y sobre ese campo se ha desvirtuado la relación médico paciente, que es sin duda el punto de partida de la creciente conflictividad en la que naufraga la práctica médica.

Está claro que el tema de la responsabilidad profesional, lo asumimos desde siempre, y hasta en exceso si se lo compara con otras profesiones u oficios, que jamás pagan por sus errores, como suele pasar con jueces que liberan presos que en poco tiempo vuelven a asesinar. Asesinos de verdad, no médicos que por impericia, imprudencia o negligencia provocaron daño o inclusive la muerte de un paciente.

Y no se trata de igualar para abajo. Nos hacemos cargo de nuestra responsabilidad, y de hecho pagamos por ello, y con creces.

Pero…Asesinos, no.

Los colegas que han pasado o están pasando por la instancia judicial a raíz de algún episodio vinculado con su práctica profesional, ni que hablar si el caso cobró repercusión mediática, llevarán, más allá de la resolución judicial, una huella perpetua.

Pero, es así.

Seguramente la litigiosidad y los costos, tanto judiciales como de la atención médica, seguirán creciendo.

Los seguros también se encarecerán.

Y los medios inescrupulosos, seguirán haciendo su negocio.

COMISIÓN DIRECTIVA

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