“Hablar de adolescencia es hablar de los padres”

El doctor Enrique Berner no duda en afirmar que son los padres quienes tienen que abrir espacios de comunicación adecuados para hablar con sus hijos, acompañarlos, entenderlos y protegerlos en un momento de la vida de tantos cambios.

adolesc320LR: ¿Cómo definiría bajo su criterio la adolescencia?
- Hablar de adolescencia es hablar de un momento del curso de la vida. No es una etapa de transición entre la niñez y la edad adulta. Es una etapa de la vida muy particular donde surgen un montón de circunstancias que la hacen diferente a otros momentos, tanto de la niñez como de la adultez. Por eso no podemos decir que el adolescente es un “chico grande” o que es un “adulto chico”. Sino que es un adolescente, y como tal, hay que encararlo, mirarlo y escucharlo desde el punto de vista médico de forma totalmente diferenciada de un niño o un adulto.

LR: ¿Cuáles son esas características?
- Los cambios biológicos, la adaptación al medio social y cultural en el que viven, y una maduración desde el punto de vista biológico tanto corporal como cerebral, que lo instala en un lugar diferente. Si bien en la etapa de la niñez los padres son los que contienen y son los que actúan como escudo frente a los efectos que puede o no otorgar la sociedad, la cultura y el medio ambiente, en la adolescencia se genera una apertura y el contacto se vuelve inminente. Por lo tanto quienes no están preparados o acompañados pueden ser perjudicados por no poder interpretar ese contacto o por estar, como digo yo, en una situación de riesgo frente a un montón de circunstancias. O sea, los adolescentes no son un riesgo, sino que están en riesgo. Como tal, uno tiene que dar un marco de contención y protección para poder entenderlos y acompañarlos en este proceso.

LR: ¿Depende tanto de lo biológico como de lo cultural entonces?
- Efectivamente. Esta apertura que hacen los padres, donde los escudos de protección se dejan un poco abiertos para que los chicos tomen sus primeros contactos y vayan desarrollando a partir de ahí sus propios proyectos, hace que la realidad del adolescente se transforme en una situación de vulnerabilidad. Porque las influencias del medio ambiente, las circunstancias sociales y económicas, o la misma genética si la definimos dentro del campo de la epigenética, lo ponen más vulnerable al adolescente. Al mismo tiempo hacen que tengan que enfrentarse a situaciones que a veces no pueden definir.

LR: ¿Puede empezar antes o después esta etapa?
- Los cambios biológicos pueden aparecer en las nenas a los ocho años de edad. Y esto también es interesante saberlo porque debemos estar preparados para poder detectar esto y desde ese minuto poder acompañarla. Lo habitual es que los cambios biológicos empiecen a los nueve o diez años, y a partir de ahí son cuatro años más o menos para que se completen. En las mujeres es todo lo que tiene que ver con el desarrollo mamario, la aparición de vello pubiano, la aparición de la menstruación, hasta que un tiempo después de su primer período completan los cambios puberales. En los varones el primer síntoma es el agrandamiento de los testículos y a partir de ahí surge todo el resto, como la aparición del vello y la transpiración, que demora más o menos cuatro años en concretar sus cambios. Pero como decía, es variable. Por eso los pediatras debemos estar preparados para poder orientar a la familia para que ayude al adolescente a que esté listo para estas circunstancias que van a acontecer.

LR: ¿Cuáles son los otros cambios a los que el adolescente está sujeto? Porque, por ejemplo, hay algunos adolescentes que empiezan a trabajar a los doce años.
- Hay situaciones que uno esperaría que no acontecieran, como ésta que usted dice. Uno esperaría que un chico de doce o trece esté en la escuela. A veces estas circunstancias ponen a un chico en una situación de alta vulnerabilidad. Lo esperable es que un chico en esta etapa de la vida esté estudiando y preparándose para poder enfrentar el futuro desde un lugar del conocimiento. Pero como dice usted, no solamente son cambios biológicos sino también cambios emocionales los propios de esta etapa. Los adolescentes tienen que transitar por circunstancias que a veces los ponen en alto riesgo, como por ejemplo el consumo del alcohol o drogas, el inicio de las relaciones sexuales, la definición de la propia identidad sexual. Y como eso un sinfín de circunstancias. Por eso decimos que quienes asistan o acompañen en el crecimiento a estos jóvenes tienen que estar preparados para manejarlas. Tienen que comprender que los chicos toman, que pueden tener contacto con las drogas, que pueden tener relaciones sexuales no protegidas. Y esto es lo que tenemos que hacer nosotros. Si no conocemos como enfrentar a un chico y pretendemos darle un espacio normativo como “no tenés que tomar, no tenés que tener relaciones sexuales, no tenés…”. Toda esa situación, que lo pone al profesional en un lugar más hegemónico y no de poder hacer que el otro lo escuche, es a veces difícil. Nos quedamos tranquilos creyendo que dimos todo el mensaje pero lamentablemente debo decirles, gracias a mi experiencia, que los adolescentes difícilmente puedan escuchar este tipo de discurso. La adolescencia es un tiempo de cambio, de adaptación, no solamente biológica sino emocional. Los profesionales que acompañen o que crean que están en condiciones de atender a estos jóvenes deben estar también preparados para poder escuchar, acompañar y hablar de cosas, que tal vez un pediatra no lo hace. Por estudios estadísticos puedo decirlo con certeza. Hablar por ejemplo del abuso, de la violación, de circunstancias que muchas veces los jóvenes transitan y pocas veces preguntamos.

LR: Los padres frente a todos los cambios que ha habido últimamente, la nueva realidad en la que están inmersos los jóvenes, se encuentran con pocas herramientas y llegan a la consulta impotentes frente a la situación de no poder llegarles a los hijos, de no poder ponerles los límites. ¿Qué nos podría decir al respecto?
- Los padres tienen que estar preparados para este tiempo de la vida. Son ellos los que tienen que adaptarse, comprender, abrir espacios de comunicación con sus hijos para que ellos sepan que sus padres los van a acompañar y escuchar. Ahora, si pensamos que como padres podemos dar por sobreentendido dando indicaciones como, por ejemplo, “cuando van a salir cuidate”… “Cuidate” es una palabra vacía, no dice nada. En todo caso el padre tiene que haber hablado con el hijo del alcohol, de las relaciones no protegidas, haber tenido la posibilidad de hablar del uso excesivo de la tecnología. Pero claro, si los adolescentes ven a sus padres que están todo el tiempo con la tecnología, donde no hay comunicación con los hijos, es un problema. Este espacio de comunicación se construye desde la niñez y no a los dieciséis años cuando el chico viene alcoholizado. Las familias son las responsables de facilitar el acompañamiento a sus hijos. No es que los hijos tienen que facilitarle a los padres que los acompañen, sino que son los padres los que tenemos que ocuparnos de que ellos se sientan acompañados, no invadidos, pero que al mismo tiempo que sientan que tienen la seguridad de que los vamos a escuchar y asesorar de la mejor manera.

LR: ¿Quién es el que transmite el mensaje que usted nos da? ¿El pediatra, la escuela, la sociedad, los medios de comunicación?
- Es responsabilidad de todos los que tenemos que estar presentes en esta etapa de la vida. Los padres, los pediatras, todos. Un padre que no le puede poner un límite a un chico entre los dos y los cuatro años de edad, para que éste alcance lo que se conoce como nivel de tolerancia a la frustración, circunstancia que le permite al niño aceptar que hay un otro que da normas y reglas, es aquel que va a tener un adolescente con mucha dificultad porque este adolescente no va a haber aprendido que hay normas y reglas que hay que respetar.

LR: Los pediatras tenemos claro que en el primer año hay una consulta mensual de control. En el segundo o tercer año de vida son más espaciadas, pero son controles pondoestaturales o de algún nivel de inmunización. Yo creo que, supóngase por ejemplo a los siete u ocho años, se habla poco de lo que va a venir con estos chicos con los padres.
- La responsabilidad es de los pediatras, del ámbito educativo, del medio social y político, que tiene que dar una formación suficientemente contundente para decirles a los padres “papá tenés que llevar a tu hijo una o dos veces por año a que lo vea el médico”. A los médicos lamentablemente algunas veces nos toca atender a un niño detrás de otro y no tenemos la capacidad de sentarnos a hablar con los padres. Aprovechando todas esas oportunidades que tuvimos perdidas, a un papá con un niño de seis podemos decirle “mirá, en dos años puede cambiarle el cuerpo. ¿Hablaste con él? ¿Le hablaste de lo que tiene que ver con las normas, de que hay que tener cuidado?”. Hay que aprender a que el chico adquiera autonomía, seguridad y responsabilidad.

LR: Tampoco es cuestión de una sola charla. Creo que son muchas las charlas que hay que tener y nunca pensar que el chico entendió, porque creo que una de las características es que el adolescente no es muy capaz de comprender la relación entre una conducta y las consecuencias de esa conducta.
- Es verdad lo que usted dice. El cerebro no está totalmente maduro y suficientemente capacitado para que el frontal le ponga una situación de responsabilidad, por decirlo de alguna manera. Todo funciona más por impulsividad, tiene que ver con el aquí y ahora. La recompensa ya no existe en este tiempo de la vida. No es que “cuando termines el colegio te voy a regalar un viaje a Cancún”. No, te contesta el chico, “a mí me interesa jugar al Fortnite. Comprame un joystick porque se me rompió”. En base a esto nosotros tenemos que ayudarlos a comprender que hay determinadas cosas que los puedan lesionar, con secuelas, y hay circunstancias en las cuales van a transitar necesariamente como parte del proceso de maduración y crecimiento. Ahora, si yo como padre permito que haya una “previa” en mi casa, estoy facilitando que mi hijo se alcoholice en cualquier lugar. Si yo en mi casa estoy permitiendo que circulen drogas estoy facilitando su consumo. Si yo no tengo respeto por mi pareja porque promuevo la violencia estoy promoviendo que un chico sea de esta forma. No son ellos, somos nosotros. Los adultos somos los que tenemos que dar un marco identificatorio. ¿Van a consumir? Es probable. ¿Van a tomar alcohol? Es probable. Pero, ¿cuántas veces van a hacerlo si uno les pudo explicar que una vez alcanzó para darse cuenta del lugar donde los pone? No son los chicos los culpables porque tomaron, somos nosotros los que les facilitamos ésta cultura.

LR: ¿El rol de los padres, el rol de la autoridad, está un poco debilitado en estas nuevas generaciones de padres? Si es así, ¿a qué lo atribuye?
- Creo que más que autoridad diría lugar de identificación. Los padres también han perdido un poco el norte. En los últimos veinte años ha habido una transformación, y los padres mismos cuentan cómo a ellos mismos les cuesta aceptar normas y reglas. Hoy los paradigmas de la adolescencia han cambiado. No son los mismos de hace diez años. Aunque la adolescencia es la misma que la que contaba Sócrates en el siglo IV antes de Cristo: los adolescentes son irreverentes, no responden a los adultos, son contestatarios, se llevan todo por delante. Ahora, hoy se agregan aditamentos que tienen que ver con riesgos. Las redes sociales, el exceso de la tecnología, el contacto con el alcohol, el contacto con la sexualidad, la información equivocada los ponen en riesgo. Hay padres que tienen miedo de que a los hijos les pase algo y les permiten “por temor a”, y de esa manera, en vez de ayudarlos, los debilitan.

LR: Los padres de los adolescentes de hoy son más jóvenes que los adolescentes de generaciones pasadas y casi diría que en algunos casos no culminaron su adolescencia.
- Si usted se remonta a hace muchos años también había padres jóvenes. Yo creo que muchos no culminaron su adolescencia porque también forma parte de un proceso biológico y los encuentra siendo padres. Ahí está la función de los pediatras, los médicos que tenemos la posibilidad de estar con estos padres en los primeros minutos de la vida de los hijos. Es la función de la escuela, que tiene que acompañar y no discriminar o marginar a los chicos que están con dificultades. Son las políticas públicas las que tienen que facilitar que los padres puedan acompañar a sus hijos y darles modelos educativos apropiados. Hoy cuando uno habla de salud sexual y reproductiva automáticamente remite a las mujeres y nos olvidamos de los varones. Después nos preguntamos por qué hay tantos embarazos no deseados o tantos hombres violentos. Porque no están inmersos en las políticas públicas.

LR: Hablando de embarazo, se sabe que las complicaciones durante el mismo son la segunda causa de muerte entre niñas y adolescentes de 15 y 19 años.
- Si, en todos lados están creciendo los embarazos adolescentes en mujeres menores de quince en los sectores populares. En las mayores de quince no está creciendo, está estabilizado o es menor. Y causas de muerte por parto depende de la chica y de su desarrollo madurativo.

LR: Respecto a salud mental y adolescencia. ¿Es la depresión el motivo de consulta más frecuente?
- Hay de todo. Hay trastornos de la conducta alimentaria, hay trastornos de ansiedad, de depresión. Hay un montón de circunstancias de salud mental que complican a los adolescentes. Más en los tiempos que tenemos ahora. Hay cuestiones de adicción, no solamente por fármacos sino también a la tecnología.

LR: Cuando los chicos están en las redes sociales, los padres mucho no sabemos qué están haciendo, están en su propio mundo. ¿Cómo podemos actuar frente a esto?
- Volvemos a lo anterior. Son los padres los que tienen que intervenir. No pensando que por dar la orden “no uses el teléfono” no lo van a usar. Es una cuestión de poder consensuar los momentos y, cuando perciban que el tiempo va más allá de lo esperado, hay que consultar. Son los padres los que se quedan pensando “está bien, está bien, está bien” o son ellos mismos los que están metidos en la tecnología. Ahí tenemos un modelo equivocado.

LR: Los chicos establecen ya muchos vínculos a través de la tecnología. Pasan menos tiempo en el contacto cara a cara.
- Acordemos que hoy es difícil pensar que los chicos puedan salir como salía yo cuando tenía diez u once años a la calle. Es imposible pensarlo eso ahora porque te roban, te lastiman o te puede pasar algo. Hoy las relaciones interpersonales se dan de otra manera y eso tenemos que aprenderlo. Ahora, cuando eso se transforma en tóxico ya no es bueno. A veces sucede que están hablando el uno con el otro y están fumando y alcoholizándose.

LR: Usted mencionó la violencia entre los padres como uno de los generadores de la violencia en los adolescentes, ¿hay otros factores y otras causas?
- De eso podríamos hablar un montón. El capítulo violencia es algo que estuvo siempre y ahora se agregan otros aditamentos. Eso pone en situación de más violencia a los jóvenes que están en situación extrema. No todos están en esa situación porque no todos tienen consumo problemático de alcohol o drogas. Sino que tienen algo esporádico. La violencia en ciertos ámbitos ha existido siempre. Yo me acuerdo que cuando era adolescente jugaba al rugby y a la noche los rugbiers salían a trompearse. La violencia existió siempre, hay que ver cómo está acompañada de otras cuestiones.

LR: Si lo analizamos, en nuestra charla hablamos más de los padres que de los chicos.
- Sí. Hablamos más de los padres. Porque hablar de la adolescencia es hablar de los padres. Hablar de padres, de la escuela, de las políticas públicas, de personas que se tienen que ocupar de darles un marco de contención y escudos de protección adecuados a esta edad de la vida. Si yo pretendo autoritariamente imponer algo, lo más probable es que no lo consiga. Pero es muy probable que chicos que tienen un espacio de conversación con sus padres o con ámbitos de adultos referentes estén más lejos de que algo les acontezca.

 


berner150PERFIL DEL ENTREVISTADO

Pediatra con vasta trayectoria profesional, el doctor Enrique Berner es jefe del Servicio de Adolescencia del Hospital General de Agudos Dr. Cosme Argerich. Su enfoque profesional está muy orientado a padres con hijos adolescentes, tanto en su tarea en el consultorio como en su actividad de difusión a través de redes, medios gráficos, libros y conferencias..

 

 


 

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