El Lord “metálico”

cochrane“Olvídate de las maniobras, siempre ataca directamente”. El consejo que le dio el famoso Horacio Nelson, héroe de Trafalgar, se introyectó como lanz a en la mente del joven escocés Thomas Alexander Cochrane cuando empezó a hacer sus primeras incursiones en la Marina Británica.

De cuna aristocrática venida a menos, el ambicioso adolescente tuvo una meteórica carrera en base a una personalidad temeraria en donde no cabía lo imposible. Se destacó en las guerras contra Napoleón y recibió las más altas condecoraciones. Era en su país un héroe naval cuando decidió incursionar en política.

En 1806 ingresó a la Cámara de los Comunes como diputado en representación del distrito de Honinton y desde ahí denunció arbitrariedades y abusos en la Marina, lo que le valió duros enfrentamientos con los altos mandos de esa fuerza. Las facturas no tardaron en llegarle. En 1813 se vio involucrado en una estafa financiera contra la Bolsa de Londres y fue expulsado tanto del Parlamento como de la Marina. Su prestigió cayó en un pozo ciego.

En esa delicada situación se ofreció en 1818 como mercenario cuando aceptó la propuesta de Álvarez Condarco para conducir la Armada Chilena que luego participaría de la campaña al Perú bajo las órdenes de San Martín. En la maniobra de persuasión también sirvió la influencia del chileno Bernardo O´Higgins, quien había estudiado en Londres.

Se sabía que para culminar la gesta emancipadora era necesario conquistar el mar y las acciones que comandó Cochrane para limpiar el Pacífico de naves españolas fueron claves para lo que vendría después. Por eso San Martín le pidió al escocés que comande la flota que lleve al ejército argentino-chileno a tomar Lima.

La flota contaba con tres fragatas, dos bergantines, una goleta y un navío. La fragata “O´Higgins”, al mando de Thomas Sackville Crosbie. La “Lautaro”, de Martin John Guise, que había combatido en Trafalgar a las órdenes de Nelson. La “Independencia”, de Robert Forster. El “Galvarino”, de John Tooker Spry. El “Araucano”, de William Carter. La “Moctezuma”, de John Young. El “San Martín”, de William Wilkinson. Los altos mandos, la totalidad de la oficialidad y 600 sobre 1600 tripulantes eran todos de nacionalidad inglesa.

Visto en perspectiva, los historiadores coinciden en que estaban dadas todas las condiciones para que San Martín y Cochrane, dos pesos pesados, terminaran enfrentados por determinar quién era el líder de la expedición. Uno era un oficial de carrera, metódico, disciplinario, buen estratega. El otro era un aristócrata venido a menos, osado, desobediente, arrogante, brillante, pero codicioso, siempre preocupado por ganar más y más, gracias a su oficio de marino y su coraje intrépido.

O´Higgins lo vio venir y por eso, en vísperas de la partida de Valparaíso, le hace llegar al almirante un oficio marcándole los límites. “El objeto de la presente expedición –dice la nota- es extraer al Perú de la odiosa servidumbre de España elevándola al rango de una potencia libre y soberana y concluir por ese medio la grandiosa obra de la independencia continental de Sud América. El capitán general del Ejército, don José de San Martín, es el jefe a quien el gobierno y la república han confiado la exclusiva dirección de las operaciones de esa gran empresa…”.

Sin embargo, la relación entre ambos nunca fue distendida. Cochrane buscará la manera de minar la autoridad de San Martín, y éste deberá imponerse en las determinaciones cruciales que acabarían con el éxito de la campaña y la Independencia del Perú.

Celos, lucha por el poder, ego, quizás hubo un poco de todo. Con Lima ya celebrando la liberación del yugo realista, se hacen acuñar y distribuir medallas con el texto: “Lima obtuvo su independencia el 28 de julio de 1821, bajo la protección del general San Martín y el ejército Libertador”. Sin ninguna mención a la escuadra naval ni a quien la conducía.

Cochrane quedó muy ofendido y, dicen, aprovechó la ocasión para llevar la disputa al terreno del dinero. San Martín vió así confirmadas sus certezas respecto de la codicia del Almirante por la plata, desde el momento en que comenzó a llamarlo “Lord Metálico”. Cochrane le reclama el pago de sueldos adeudados a los marinos y en el medio de las deliberaciones, el escocés resolvió el conflicto a su modo, apoderándose de los caudales públicos del Estado Peruano que San Martín había puesto a resguardo en una goleta atracada en el puerto de Ancón. Los esfuerzos posteriores para que ese dinero se restituya fueron inútiles.

En sus memorias, vaya paradoja, el “pirata” inglés –a quien según Rodolfo Terragno lo movilizaban más las riquezas del Perú que su Independencia- se encargó de menoscabar la imagen del Libertador de América acusándolo de las peores bajezas.

 


Al margen

En la película estadounidense “Capitán de mar y guerra”, basada en la serie de novelas del escritor Patrick O´Brian, el actor Russell Crowe interpreta al capitán inglés Jack Aurbrey, peculiar personaje que se habría inspirado en Lord Cochrane.


Fuentes
Maitland y San Martín. Rodolfo Terragno.
El General y el Almirante. Omar López Mato.
El águila guerrera. Pacho O´Donnell.

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