El dinero, más que un objeto

dineroLa nueva camada de sociólogos vuelve a poner el foco en el dinero y sus implicancias sociales. En cómo repercute en las conductas, relaciones, comportamientos. Ariel Wilkis es uno de ellos y por eso acudimos a él para profundizar en el tema.

LR: -¿Cuándo empieza la Sociología a prestar atención al vínculo que se establece entre la gente y el dinero en sí mismo más allá de sus implicancias puramente económicas?

Si lo pensamos desde la Sociología argentina, te diría que ha sido siempre escasa la atención que se le ha dado al dinero como objeto a explorar. Te diría que ha sido nula hasta los últimos años, en que investigadores de la nueva generación hemos empezado a poner el foco en la materia. Ahora bien, si el encuadre se hace desde la tradición sociológica universal, digamos, el dinero ha estado siempre presente. Desde el aporte de los que podemos denominar los fundadores de la ciencia social moderna, como Marx o Durkheim, pasando por Georg Simmel –escribió el libro “La filosofía del dinero” y de ahí en adelante tantos otros que han trabajado con esa perspectiva.

LR: -¿A qué debe la iniciativa reciente de especialistas más jóvenes en el tema?

En parte porque somos integrantes de la renovación a nivel global que vuelve a interesarse en el dinero como propuesta de estudio. Como la mayoría de nosotros ha hecho sus post grados en el exterior, la experiencia nos permitió interactuar con la nueva agenda de la sociología económica; y luego cada uno aplicó sus conocimientos a problemáticas específicas con investigaciones acá en la Argentina. Por ejemplo, sobre los ahorristas que quedaron atrapados en el corralito del 2001, la convertibilidad o el uso del dinero en los sectores populares del conurbano.

"...los sociólogos intentamos ir más allá y reflexionar sobre los enormes efectos del dinero en la vida social, en el sostenimiento de vínculos, en el establecimiento de distinciones morales o también lazos de solidaridad...”

LR: -Justamente nos interesaba saber cómo es el impacto social del dinero en la gente con diferentes ingresos o realidades…

Es eso en lo que yo más me ocupo. Hay una ciencia económica estándar que le da al dinero un carácter socialmente neutro, y por lo tanto no es más que un objeto que permite organizar los intercambios comerciales sin incidencia social o moral.

LR: -Pareciera que los economistas piensan en cómo ganar dinero y no tanto en su impacto en la sociedad.

Yo diría que lo ven como un objeto. Nosotros los sociólogos intentamos ir más allá y reflexionar sobre los enormes efectos del dinero en la vida social, en el sostenimiento de vínculos, en el establecimiento de distinciones morales o también lazos de solidaridad, de competencia, entre todos y cada uno de los actores comunitarios: padre e hijo, hombre y mujer, profesor y alumnos. Esas relaciones están formateadas por el modo en que el dinero es usado. Entonces, el dinero no es solo un medio de intercambio que funciona en el mercado.

LR: -En algunos artículos suyos vimos por usted empleado, en este sentido, el concepto del “rompecabezas”.

Claro, porque es la imagen de la que me valgo para expresar que el dinero no es un objeto homogéneo, siempre igual a sí mismo; sino que asume muchas formas porque permite construir muchos vínculos sociales diferenciados. El papel de la Sociología es recomponer ese esquema de formas variadas que promueven relaciones heterogéneas.

LR: -¿Cómo lo hace?

Lo logra armando un cuadro general de cómo el dinero está presente en distintas escenas de la vida social.

LR: -Cuando usted habla de gastar, prestar, vender, donar, pedir o jugar refiere también a ese “rompecabezas”.

Claro, entendiendo que todas esas prácticas monetarias son posibles y producen una significación social y moral particular. Esa mirada global de la sociología que recompone, ve cada caso de manera singular.

LR: -Hace un rato habló de convertibilidad y en la actualidad se vuelve a hablar de eso. ¿Cómo considera que repercute en la gente y especialmente en los sectores populares?

Yo veo que esa discusión por ahora aparece sólo asociada al mundo de la política o a lo que al gobierno le gusta llamar “círculo rojo”. Es un fenómeno acotado que no se extiende de ahí. No se traspasa al ciudadano común.

LR: -Política y religión están sumamente ligadas al significado moral del dinero, ¿no es verdad?

Absolutamente. No hay ética religiosa que no tenga una ética monetaria. En dos planos, uno en cuanto a qué tipo de vínculo con el dinero deben tener los feligreses en su vida cotidiana, y otro respecto de cómo el dinero contribuye al sostenimiento de la organización religiosa.

LR: -El diezmo, digamos.

Sí, o podemos ponerle otros nombres; en definitiva son prácticas que cada credo tiene institucionalizadas o ritualizadas de distintas maneras.

LR: -Pensaba que en las épocas preelectorales también se recauda dinero.

Es un tema que me interesa bastante, y sobre lo que he escrito mucho. Especialmente sobre esto que ahora está muy vigente que es el del financiamiento ilegal de la política. Lo importante, independientemente de la coyuntura, es tener en claro que sin dinero no hay democracia política. La democracia necesita dinero para que los sistemas u organizaciones políticas funcionen. Por eso es también fundamental que las discusiones generadas por determinados ilícitos o prácticas contrarias a la ley, no nos hagan creer que política y democracia son términos antagónicos.

LR:- Uno puede utilizar el dinero en actividades lícitas o ilícitas. Lo que me pregunto a menudo es por qué a ciertas prácticas como la renta financiera que no devenga impuestos, socialmente no se las ve como delitos, del mismo modo que delito es cuando alguien le saca a otro la billetera.

Lo ilícito o lícito es una construcción social y política. Ahí está la explicación.

LR: -Quizás últimamente las repercusiones de causas de corrupción tan conocidas a través de los medios hayan nivelado un poco esa balanza. A López el de los bolsos se lo ve como un “chorro”.

López es un chorro porque le robó al Estado y su caso tiene mayor gravedad para la visión social que cuando alguien le resta dinero al Estado porque no paga impuestos. Claramente hay una tolerancia social al no pago de impuestos, quedando el hecho ilícito diluido al tiempo que la misma gente que lo hace encuentra un espacio de justificación; es decir, ejecutan un acto moralmente condenable y tienen argumentos o narrativas que les permiten explicar y dar cuenta, con cierta legitimidad para ellos, que lo que hacen está bien. Esa justificación la vemos, por ejemplo, a partir de la década del 60 en la investigación sobre el uso cultural del dólar en la Argentina y de cómo se transformó en una moneda de uso corriente, de gravitación política, que hicimos con mi colega Mariana Luzzi. En ese momento el marco de situación general ya hacía razonable que se acudiera al mercado ilegal como forma de protección, prevención o ánimo lucrativo. Eso, tal cual observamos hoy, no ha perdido vigencia. En definitiva, todo acto ilícito tiene argumentación o justificación. Entonces no hay culpa.

LR: -Cuando ahora se instala tanto la importancia que los argentinos le damos al dólar y se apela a esa divisa en circunstancias de temor, ¿la mirada de la Sociología cómo lo explica? ¿Se podría hablar de que actúan “anticuerpos” como mecanismo de defensa?

Yo sé que la idea de los anticuerpos en la medicina es central. El lenguaje de la Sociología no habla de que hay algo genético o en el ADN de la gente; sino más bien hace foco en la experiencia de décadas en donde ha habido prácticas, reacciones, aprendizajes, comportamientos y que eso va instalándose en la conciencia personal y colectiva.

LR: -Si uno tiene sarampión el cuerpo genera anticuerpos para no volver a tenerlo. No está en el ADN, lo creó el sistema inmunológico. Lo mismo puede aplicarse al dólar. Alguien que sufrió en algún momento por no haber apostado al dólar, reacciona frente a un nuevo y repetido problema diciendo: ahora no me va a volver a pasar. Y sale a comprar dólares. A eso me refería con los anticuerpos.

Sí, estoy de acuerdo. Visto desde este lugar, en el plano de un contexto histórico, la idea central es que ha habido un aprendizaje. Un aprendizaje de cómo vincularnos con esa moneda. No sólo como refugio, sino también de una autonomía de los actores económicos respecto del Estado, algo que es difícil de abandonar. En ese orden, el dólar nos cuida de un peligro y a la vez nos da sensación de autonomía. Al mismo tiempo, el dólar es algo más que una moneda para proteger el valor de los ahorros o del patrimonio. Es además, en la Argentina, una brújula de interpretación de la dinámica política. Como ejemplo, rescato una crónica sobre la situación económica en un barrio populoso de La Matanza en la que un carnicero entrevistado decía: “ahora que subió el dólar vuelven los saqueos”. 


Perfil del entrevistado

Ariel Wilkis es especialista en sociología y antropología del dinero y las finanzas. Es decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES). Su libro El poder moral del dinero, editado en 2017 por la Universidad de Standford, acaba de recibir una Mención de Honor de la American Sociological Asociation al mejor libro de sociología económica de 2018. Junto a la colega Mariana Luzzi editará prontamente una publicación.

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