“Primero tengo que elegir buenas personas“

 por Diego Videla

dt01Pablo Vicó, entrenador de Brown de Adrogué, es un personaje particular en el mundo del fútbol profesional. Sencillo, transparente, coherente, vive en las instalaciones del club. La Revista lo entrevistó para conocer un poco más sobre el técnico querido por sus hinchas y respetado por todas las parcialidades.
 

¿Pablo, se considera usted una persona particular en el mundo del fútbol?
Honestamente no lo siento así, y cada vez que me lo preguntan respondo lo mismo. No creo ser alguien distinto. Lo único que sí tengo claro es el cariño permanente que me brinda la gente, pero no más que eso, lo cual no es poco por supuesto.

Quizás sea esa simpleza para manejarse, todo aquello que la gente elogia de usted...
La verdad, insisto, no es algo que yo haya buscado deliberadamente. Se da simplemente por mi forma de ser, soy una persona con perfil bajo y que tiene claro que la soberbia no conduce a nada bueno. Soy un simple entrenador y en ese sentido trato de lograr objetivos mostrándoles a mis jugadores un camino, a veces me equivoco, en otras acierto. Pero cuando me equivoco, tengo la voluntad de reconocerlo.

Justamente, ¿cómo es su relación con los jugadores, qué busca en ellos para armar un plantel?
Me ha tocado armar muchos grupos y he aprendido que para lograrlo, primero tengo que elegir buenas personas, calidad de seres humanos. Porque luego, lo futbolístico, se puede arreglar dentro de un campo de juego. La gente sana está siempre, en los buenos y en los malos momentos.

¿Tiene con ellos un vínculo más allá de lo deportivo? ¿Le confían sus cuestiones personales?
Antes de incorporarlo, hablo con el jugador, porque necesito saber cómo es, qué piensa, cuál es su compromiso, su situación, de dónde viene. Tengo que saber que voy a contar con alguien con valores. Pero luego no soy de estar muy encima o al tanto de cuestiones personales. Eso lo hacen mi ayudante de campo o el profesor de educación física, porque están atentos a que estén en condiciones de responder a las exigencias. Obviamente si hay un problema grave, me lo comunican y ahí sí nos encerramos a charlar y vemos la manera de sobrellevar la situación.

¿Cambió mucho el jugador de fútbol en estos años?
Sí, ha cambiado, la sociedad cambió. Yo lo que más noto es que hoy el jugador critica más a quien lo está dirigiendo y no suele aceptar sus errores para corregirlos. Cuando veo algo que no me gusta en un jugador, yo elijo ponerle la mano sobre el hombro e invitarlo a caminar para decirle, con humildad, lo que veo que está haciendo mal, pero también destacando lo que hace bien, porque de eso se trata.

¿Cómo se hace para mantener a todos los integrantes de un plantel entusiasmados y comprometidos?
No es fácil. La idea es marcar los objetivos y plantear cómo pensamos que podemos conseguirlos. Todos entonces tienen que saber que el entrenador tiene que elegir y que el resto tendrá su oportunidad si trabaja y se prepara. Y los que juegan, a su vez saben que deben cuidar su lugar, porque detrás siempre hay alguien que aspira a ocuparlo. El entrenador debe propiciar una competencia sana.

¿Cuánta responsabilidad tiene un técnico en los resultados que obtenga en equipo?
Podemos decir que influye en un 30 por ciento. Yo te puedo explicar, expresar, darte un concepto de lo que quiero que estés ejecutando, te muestro cómo juega el rival, pero es el jugador el que termina definiendo en el campo de juego. Yo la única herramienta que tengo es una lapicera. Y con ella en todo caso anoto y corrijo trabajando sobre el error.

dt02¿Ha tenido que modificar muchas cosas para adaptarse al fútbol que se juega hoy?
He tenido que aggiornarme en un montón de cosas. Antes un cuerpo técnico se conformaba con un ayudante de campo, un preparador físico y un técnico; y ahora no es así. Yo tengo siete colaboradores, dos ayudantes de campo, entrenador de arquero, analista de video, y dos profesores. Cada uno me ayuda a ver mejor las cosas, a cada uno lo consulto, para poder corregir errores y encontrar soluciones a los problemas. Siempre en un clima de armonía.
Cuando elijo a mis colaboradores, lo pienso mucho. Tienen que conocer el club, saber qué tipo de persona soy yo, qué pretendo de mis equipos. De ahí se construye confianza. Todos, yo y mis colaboradores, debemos estar actualizados y trabajar mucho. La manera de entrenar es otra completamente diferente. Hoy en un entrenamiento hago sólo 20 minutos de fútbol y luego se hacen ejercicios individuales, por zona, por línea...

¿Se ven los resultados?
Totalmente. Hoy el fútbol es muy veloz, muy dinámico, muy ágil. El jugador de 32 años para arriba no puede jugar.
Hay que tener precisión en velocidad, cometer pocos errores, estar al 100 por ciento de la exigencia mental y física.

El cuidado personal entonces en el jugador...
...es fundamental. El jugador necesita mucho cuidado.

La tecnología es un recurso muy valioso. ¿Cómo hace el técnico para aprovecharla sin que un uso excesivo de la misma conspire contra el grado de frescura que el fútbol necesita?
Como ocurre con todo, la tecnología y la ciencia son herramientas útiles y su uso hay que saber dosificarlo. Nosotros por ejemplo estamos trabajando mucho con la neurociencia, para aumentar en el jugador la coordinación de movimientos y la capacidad de atención, de reacción frente a las múltiples opciones que se le presentan en milésimas de segundo.

¿Cómo se gana el técnico la autoridad?
Con respeto, con diálogo, yendo de frente, sin gritos ni imposiciones. Ser justo, actuar sin soberbia. No sé si es la mejor, pero es mi manera de conducir grupos y que ellos, los jugadores, luego te defiendan en la cancha.

¿Ama lo que hace?
Otra cosa no sé hacer, te soy honesto.

¿Está todo el tiempo enfocado en el fútbol?
Algo así -sonríe-. A veces mi pareja o mi hija me critican porque vivo pensando en el fútbol. Pero bueno, es así. Vivo con pasión lo que hago. Es una actividad exigente, de mucha presión. Por eso tengo que cuidarme porque he tenido un infarto, he tenido la desgracia de que hayan matado a mi hijo.

Lo quieren los hinchas de Brown y los de las otras parcialidades lo respetan. ¿A qué lo atribuye?
Quizás porque no me la creo, estoy disfrazado siempre con los colores de Brown, no le falto el respeto a nadie, no sobro a nadie. Trato de ser el tipo más humilde, de comportarme con todos por igual.

Tiene claro Pablo que esto no es algo común en el fútbol de la actualidad...
Yo a veces me lo pregunto, no voy a ser mentiroso. Siento ese cariño.

Vienen de otros países a conocerlo...
Es raro, sí, quieren saber sobre el técnico que duerme al lado de la cancha. Yo ante eso lo único que me sale decir es que el fútbol no me cambió la vida, soy el mismo de siempre. El único progreso económico que tengo es un coche normal.

¿Por qué eligió vivir en el mismo club que dirige?
Porque es el lugar donde me siento cómodo. Necesito rodearme de afectos y quiero estar acá. Mi relación con el club durará hasta que me digan que se terminó. Si es por mí, no me muevo.

¿Qué cosas le duelen del fútbol?
La competencia desleal, las agresiones, las trampas.

¿Y lo que rescata por sobre todo lo malo?
Sin dudas al jugador, lo más sano en este deporte, aquel que se brinda en el campo de juego. A veces no se lo valora como corresponde y la gente descarga injustamente en ellos los problemas que arrastran de la semana.


El personaje

Ex jugador de fútbol -Brown, Temperley, San Miguel, Tristán Suárez entre varios equipos del ascenso, Pablo Vicó vive hace 18 años en las instalaciones del club de Adrogué. Empezó cuidando la concentración, luego se le encargó el alquiler de las canchas de tenis.
Al tiempo se involucró en el trabajo con el baby fútbol y las divisiones inferiores y en 2009 le llegó la oportunidad dirigir la primera división. A partir de ahí se fue transformando en un personaje singular en el mundo del fútbol. En la temporada 2012/2013 ascendió al Nacional B, logro que repitió el 14 de noviembre de 2015 cuando Brown atrapó un agónico triunfo sobre la hora frente a Morón, y de visitante. Su rostro colmado por el llanto atrapó las imágenes del final del partido y lo hicieron más popular aún. Vicó desbordaba de alegría por la victoria pero también por el dolor, porque en ese instante se le cruzó la imagen de su hijo, Cristian Gabriel, quien en febrero de aquel año había perdido la vida en un accidente automovilístico cuando dos delincuentes escapaban de la policía en un vehículo robado e impactaron de lleno sobre su camioneta. “No puedo hablar, esto es para mi hijo”, alcanzó a decir, y cuando ya sus jugadores festejaban en el vestuario, caminó lentamente hacia el túnel. Los hinchas de Morón se pusieron de pie y lo saludaron con aplausos.


Detrás de escena

Hernán, un amigo en común nos dio su número de teléfono. “Llamalo pero ojo que es medio colgado”, advirtió.
Enviamos un primer mensaje de whatsapp, y luego otro, y otro...probamos en distintos días y horarios...pero nada.
- Hernán, nos lee pero nada...
- Les dije, es medio colgado, pero insistan.
Entonces probamos llamando directamente. Una, dos, tres veces. En distintos días y horarios...pero nada.
- Hernán, no contesta al celular.
- Les dije, es medio colgado, pero insistan. Lo mejor es ir directo al club.
Fuimos un día pasado el mediodía. Se había ido a visitar a la hija luego del entrenamiento. “Pablo va y viene”, nos dijeron unos chicos que hacían ejercicios en el gimnasio. Volvimos al día siguiente a la tarde. “Salió, no sé a dónde se fue”, fue la respuesta. Al tercer día, el utilero se apiadó y nos dio el dato clave: “A las 12 lo encontrás seguro”.
Cuando llegamos, nos avisan que está viendo videos con algunos jugadores en el buffete. “Ahí lo llamo”, nos dijo un muchacho que trabaja en el club. Apareció al minuto, todo empilchado con la ropa de Brown y el silbato en la mano.
- Disculpen, soy medio colgado con el celular. Vengan conmigo...
Pasamos a su casa, un ambiente único, sencillo, donde hay una mesa ovalada, una heladera, una televisión una cómoda y una cama marinera. “Ahí duermo yo”, dijo y nos invitó a sentarnos.
- ¿En qué los puedo ayudar?, preguntó, y cuando le dijimos que queríamos entrevistarlo en algún momento respondió: “Bueno, dale, arranquemos ahora”.

Posted in Ediciones, La Revista.