Un poeta andaluz en Buenos Aires

 por Diego Videla

lorcaDos años antes de ser fusilado por sus ideas republicanas y socialistas en el comienzo de la Guerra Civil Española, el poeta Federico García Lorca tuvo un agitada agenda de compromisos en la ciudad.

Vino por dos semanas y se quedó seis meses. La Asociación Amigos del Arte lo había invitado a dictar conferencias y fue vital para ello la amistad que lo vinculaba con la actriz Lola Membrives. Federico García Lorca ya era un hombre de letras reconocido y en los núcleos culturales de Buenos Aires se lo aguardaba con expectativa. Se hablaba ya de él como “uno de los escritores de más positivo valor de la nueva generación” y el diario La Nación apuntaba que el poeta andaluz “ha aportado un acento de modernidad a las manifestaciones de la lírica y la escena de su patria”.

Llegó el 13 de octubre de 1833 al puerto de la ciudad, en el Conte Grande, embarcación acostumbrada a surcar el Atlántico, luego de una extensa navegación. Estaban junto a él su amigo escenógrafo Manuel Fontanals y una de sus hijas. Las crónicas dicen que su primo Francisco, que vivía hacía tiempo en la capital rioplatense, lo pasó a buscar y lo llevó a donde sería su lugar de estadía: El Hotel Castelar, ubicado en el 1152 de la Avenida de Mayo y cuya elección como morada del dramaturgo tenía un valor meramente estratégico: estaba bien cerca del Teatro Avenida -donde se presentaban sus obras-, de Radio Stentor -donde recitaba- y de la peña El Signo, -donde disfrutaba de charlas y veladas con amigos-.

Una de las motivaciones de su viaje fue asistir justamente en el Teatro Avenida a la presentación de Bodas de Sangre, con la participación protagónica de Membrives. Pero su estancia se prolongó tanto que hubo tiempo de sobra para que Lorca viviera experiencias tan intensas como inolvidables. La fascinación del “gitano” por Buenos Aires era correspondida por la admiración de los colegas y el público que estaba siempre pendiente de sus movimientos.

Su primera conferencia la dio el 21 de octubre y se denominó “Juego y teoría del duende”. Los comentarios de los diarios se llenaban de elogios: “A través de selvas de imágenes y metáforas, el poeta arrastró a su auditorio en pos del duende alucinante. Su voz cálida y aspera o tierna y la admirable precisión con que compuso los párrafos de su charla, en los que cada palabra encajaba tan exactamente en la frase, y ese chorro cantarino de poesía que no dejaba de manar ni un solo instante, electrizaron al público...”

Lorca tenía un carisma especial. En el debut de Bodas de Sangre, al terminar la función subió al escenario y puso en escena toda su capacidad seductora: “...cuando subía por las ondas rojizas y ásperas como la melena de un león que tiene el río de La Plata, no soñaba esperar, por no merecer, esta paloma blanca temblorosa de confianza que la enorme ciudad me ha puesto en las manos, y que más que el aplauso agradece el poeta la sonrisa de viejo amigo que me ofrece el aire luminoso de la Avenida de Mayo...”

La segunda conferencia que pronunció fue sobre el tema “Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre”, y se acompañó con el piano para realizar evocaciones nostálgicas de aspectos ocultos y desconocidos de Granada, donde dos años más tarde encontraría la muerte. Luego seguirá otra sobre su experiencia en Nueva York, mientras se sucedieron como cascada las representaciones de Bodas de Sangre y se habla de él en cada rincón. Lorca exprimió las horas sin respiro además para bucear en la multiplicidad de ofertas culturales de Buenos Aires, codearse con hombres y mujeres de las artes y las letras. También conoció a figuras del tango como Enrique Santos Discépolo y el mismo Carlos Gardel.

El éxito lo sacudió y no pudo eludir la invitación para subir a escena otra de sus obras, Mariana Pineda, y la agenda se le llenó de nuevos compromisos, charlas, conferencias, publicación de poemas inéditos. Hasta el joven escritor Manuel Mujica Lainez le dedicó “Romance para Federico”.

En enero de 1834, agotado por el ajetreo de compromisos, decidió cruzar el charco y pasar unos días de descanso en Montevideo -durante su estadía se tomará también respiros en Mar del Plata y Rosario-.

De vuelta, volvió a la rutina infatigable, yendo de reunión en reunión, a eventos organizados en su honor, a fiestas privadas. En esa vorágine, se permitió escribir: termina dos actos de Yerma, su nueva obra, que se los lee a Lola Membrives prometiéndole la entrega próxima de un tercero. Y le deja a su actriz preferida Así que pasen cinco años, que se estrenará en abril, luego de su partida.

El 27 de marzo partió de vuelta a Europa. Dicen quienes convivieron con él esos seis meses infatigables, que aquí en Buenos Aires sintió esa libertad que en España no encontraba. Por eso al despedirse, dijo que la ciudad “tiene algo vivo y personal, algo lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en medio de sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina. Para mí ha sido suave y galán, cachador y lindo, y he de mover por eso un pañuelo oscuro, de donde salga una paloma de misteriosas palabras en el instante de despedida”.

Fuente: Lorca: un andaluz en Buenos Aires,
1933-1934, de Pablo Medina.


 Los hechos

A un mes del estallido de la Guerra Civil Española, Federico García Lorca, republicano y de ideas socialistas, fue fusilado en una carretera de las afueras de Granada. Aunque no es segura, la fecha más precisa de la ejecución parece ser el 19 de agosto de 1936, tres días después de que fuera detenido por miembros de la Guardia Civil bajo las órdenes del flamante dictador Francisco Franco. Su cuerpo nunca fue encontrado. Recientemente había terminado su obra cumbre, La casa de Bernarda Alba.


 Así escribía...

Romance de las tres manolas

Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
Una vestida de verde,
otra de malva, y la otra,
un corselete escocés
con cintas hasta la cola.

Las que van delante, garzas
la que va detrás, paloma,
abren por las alamedas
muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alhambra!
¿Adónde irán las manolas
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa?

¿Qué galanes las esperan?
¿Bajo qué mirto reposan?
¿Qué manos roban perfumes
a sus dos flores redondas?
Nadie va con ellas, nadie;
dos garzas y una paloma.
Pero en el mundo hay galanes
que se tapan con las hojas.
La catedral ha dejado
bronces que la brisa toma;
El Genil duerme a sus bueyes
y el Dauro a sus mariposas.

La noche viene cargada
con sus colinas de sombra;
una enseña los zapatos
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos
y la menor los entorna.

¿Quién serán aquellas tres
de alto pecho y larga cola?
¿Por qué agitan los pañuelos?
¿Adónde irán a estas horas?
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.

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