La usurpación de Malvinas

malvinasHay evidencias concretas que revelan que las Islas Malvinas habían experimentado la presencia de indígenas fueguinos con anterioridad a la llegada de las primeras exploraciones europeas. Lo demuestra el hallazgo de numerosas piezas arqueológicas.

De ahí en más, aún no hay evidencias comprobadas que demuestren quiénes y cuando fueron descubiertas, y entre tantas teorías la más difundida les adjudica el logro a marinos desertores de la expedición de Fernando de Magallanes en 1820.

Fueron bautizadas como Islas de San Antonio y en adelante, hasta principios del siglo XIX, los españoles las fueron ocupando en forma discontinua. Las cartografías europeas, con posterioridad al descubrimiento de América, le adjudicaron diferentes denominaciones y eran parte de los territorios bajo control efectivo de España en función de los primeros instrumentos internacionales que delimitaron el llamado “Nuevo Mundo”.

A partir del siglo XVIII, empiezan a verificarse intenciones manifiestas de Inglaterra y Francia con respecto a las islas, por estar ubicadas en una posición estratégica en el Atlántico. En 1749, España supo de un proyecto británico para ocupar las islas y realizó la protesta correspondiente que hizo desistir a los ingleses de la idea. En 1764 Francia envió dos embarcaciones con la firme intención de establecer una colonia en el archipiélago; fundó “Port Louis” en la Isla Soledad, España protestó y luego de una breve negociación los franceses abandonaron el territorio. En adelante, se sucedieron 32 gobernadores en las Malvinas bajo la órbita directa de Buenos Aires.

Producida la Revolución de Mayo de 1810, el reacomodamiento de piezas y acciones consecuentes derivaron en la decisión tomada por el último virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo, de ordenar el abandono de Puerto Soledad, a comienzos del año siguiente.

Los primeros gobiernos patrios de las Provincias Unidas, en cada acto administrativo consideraban a las islas parte del territorio heredado de España.
Fue desde 1820 que los gobiernos argentinos pusieron en práctica diversos actos demostrativos de soberanía, como la designación de gobernadores, legislación de recursos pesqueros y otorgamientos de concesiones territoriales.

El 27 de octubre de ese año se ejecutó uno de las medidas más significativas en ese sentido, cuando por orden del ministro de Guerra y Marina, Matías Yrigoyen, llegó a Puerto Soledad la fragata “Heroína”, al mando de un ex coronel norteamericano que desde 1815 estaba al servicio de los patriotas. “Tengo el honor de informar a usted de mi llegada a este puerto, comisionado por el superior gobierno de las Provincias Unidas de la América del Sud, para tomar posesión de estas islas en nombre del país al que pertenecen por la ley natural”, informaba David Jewett al Directorio.

Fue el inicio de una nueva época marcada por el lento pero incesante progreso de una población dispuesta a echar raíces en un ámbito hostil. La pequeña colonia argentina se dedicó de lleno a la pesca y la ganadería ovina. Por decreto, y para confirmar la continuidad histórica y jurídica de los derechos soberanos sobre el territorio, el 10 de junio de 1829, el gobernador Martín Rodríguez creó la Comandancia política y militar de Soledad y designó a su frente al comerciante alemán nacionalizado argentino Luis Vernet.

Vernet trasladó a toda su familia y desde un primer momento desarrolló una notable tarea colonizadora. Construyó viviendas, rehabilitó varios edificios que se encontraban abandonados y semidestruidos, levantó un relevamiento topográfico, montó un saladero de pescado y carne y una curtiembre y construyó la goleta Aguila. Su mujer lo ayudó en el emprendimiento de acciones de investigación con el objetivo de evaluar futuras colonizaciones y áreas de producción.

Durante ese período ondeaba el pabellón argentino y los habitantes –entre 120 y 150 aproximadamente-, activaban una economía simple cuyos productos eran enviados a Buenos Aires y otros puertos. Vernet tomó las debidas precauciones de seguridad: construyó un fuerte e instaló cañones en sitios estratégicos.

La pesca depredadora realizada por barcos balleneros en la zona aledaña encendió la alarma de Buenos Aires y en octubre de 1829 el gobierno prohibió la actividad. Cuando Rosas tomó las riendas de la política internacional por disposición de las demás provincias, en 1831 se reemplazó la prohibición por la aplicación de un impuesto a los buques pesqueros, pero las embarcaciones desoyeron continuamente la medida.

Vernet, cansado de la situación, hizo acciones concretas y con los medios que tenía a mano, consiguió apresar a dos balleneros norteamericanos, unos de los cuales, el “Harriet”, fue llevado a Buenos Aires con su capitán a bordo detenido. La respuesta no tardó en concretarse. En diciembre de 1831 la fragata estadounidense “Lexington” desembarcó en Puerto Soledad con malas intenciones, atacó las instalaciones, venció la artillería local y luego de arriar la bandera argentina, declaró a las Malvinas “libres de todo gobierno”.

Rosas protestó ante Washington y no dudó ni un minuto en declarar personas no gratas y expulsar del país a los representantes norteamericanos quienes, ni lerdos ni perezosos, antes de ser deportados le hicieron saber al ministro inglés John Woodbine Parish que las islas estaban desprotegidas y eran blanco fácil.

Los británicos cotejaron datos, se valieron de información complementaria para corroborarlos, y cuando consideraron que había llegado la hora, pusieron en marcha el operativo bajo las órdenes de Thomas Baker, jefe de la estación naval británica en América del Sur, con sede en Río de Janeiro. El 2 de enero de 1833 arribó a Malvinas la corbeta inglesa Clío al mando del capitán John James Onslow quien de inmediato el hizo saber al gobernador provisorio José María Pinedo que por orden del Rey inglés tomaría posesión de las islas y que le daba 24 horas para arriar la bandera argentina y evacuar a la población. Las protestas de Pinedo fueron vanas. “Onslow, cortés, frío y pulido como un hielo sólo se limitó a iniciar que haría llegar sus instrucciones por escrito” (1). Pero el funcionario argentino se negó a arriar la bandera, tarea que realizó un oficial inglés. El 3 de enero los ingleses ocuparon Puerto Soledad y la “usurpación” de las Malvinas quedó materializada.

Fuentes:
1. “Las Islas Malvinas”, de Paul Groussac.

Otras fuentes:
-Artículo de la agencia Telam del 3 de enero de 2013.
-“Larga usurpación de Malvinas”, de Felipe Pigna.

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