Algo para contar

Ana-PadovaniEs lo que tiene siempre la reconocida narradora oral Ana Padovani, que se presentará este mes en el Círculo Médico.

El olor a humedad, ese olor que antecede la salida al escenario. Ese olor es el que transporta a Ana Padovani al pasado y, por ende, a su siempre presente lugar en el mundo.

El 26 de agosto próximo la referente más destacada de la narración oral en nuestro país se presentará en el Círculo Médico con un espectáculo que combinará textos de autores con personalidades del espectáculo nacional. Entonces, volverá a sentir ese regreso que es un hoy continuo en donde despliega ese arte tan particular como natural en ella.

Quienes tomen la sabia decisión de acercarse a verla, encontrarán en su desenvolvimiento escénico un poder de transmisión que la artista ha construido a partir de una conjunción exquisita de rigurosidad formativa, talento y experiencia.

Esa potencialidad tiene sus raíces. Padovani nació en Escobar en el seno de una familia en la que se respiraba arte. Su padre amaba la pintura y la música, y en el hogar prevalecía un ambiente con fragancias y colores, siempre adornado con piezas musicales clásicas de autores famosos. Absorbió de esa cuna la fascinación por la cultura, cualquiera fuera su manifestación. Pero lo distintivo en su caso, fue la expresividad como fuerza interior y un don incipiente por la actuación, que la ubicó, sin proponérselo, en un espacio de exposición muy precoz. La niña Padovani disfrutaba de acompañar a su padre al teatro en donde éste se ocupaba de la escenografía, recitaba en plazas convocada por colegios y en el suyo, institución de monjas, no dejaba pasar ninguna oportunidad para representar dramones que hacían llorar desconsoladamente a las madres.

Ya más grande, no pudo huir, como muchos en su generación, de los mandatos sociales. Sin desconectarse de los artístico -estudió música, se transformó en una lectora voraz- la joven se recibió de maestra y terminado el secundario, es inscribió en la carrera de psicología. Si había que tener una profesión, mejor una que la vinculara con las inquietudes y problemas del ser humano.

Padovani ejerció y se especializó en el trabajo con chicos institucionalizados; y se enamoró, y formó una familia, tuvo dos hijos. Una vida sazonada a gusto, armónica y bendecida, que para ser completa requería un condimento más.

Como en otras veces, no se quedó quieta. El llamado de atención se reiteraba cada vez que iba al teatro. Salía llorando de la función. Entonces fue en busca del camino. Empezó a tomar clases, y Augusto Fernández, al poco tiempo le dijo: “Ana, vos tendrías que contar cuentos para chicos”. La frase quedó picando. En el reverdecer del arte de los años 80, fue internándose en el sendero correcto.

El primer quiebre se produjo en unas vacaciones familiares en Miramar. La rutina diaria a la playa, se vio alterada cuando Padovani vio una carpa de Eudeba en donde se leían cuentos a los chicos. Se ofreció a hacerlo y de inmediato, se encontró repitiendo el esquema en la misma playa, al atardecer de cada día, con grupos cada vez más numerosos de padres e hijos. Fue, textuales palabras, “un descubrimiento maravilloso, un fenómeno notable”.

Volvió conmovida de las vacaciones y en marzo ya estaba recitando cuentos para adultos como actividad complementaria del taller de yoga de una amiga. Repercusión absoluta. La bola de nieve se puso en marcha. De ahí, sin más mediación que un par de semanas, ya estaba haciendo un show para chicos en la Recoleta y, por esas cuestiones del destino, un día, la sala principal quedaba sin función...y le dijeron “Ana, te animás...?” Y se animó y fue entonces que previo a saltar al escenario percibió “esa humedad”, sintió eso primario y sensorial que la depositaba de vuelta en su casa.

Desde ese vértigo, la realidad la pasó por encima. Y ya no paró. Viajó, conoció a los grandes del mundo, creó su estilo, ganó múltiples premios y se recibió de referente.


Un largo camino

La trayectoria de Padovani es impresionante. Por algo se la considera pionera de la narración oral en la Argentina. Cuando este arte era en el país desconocido, viajó al exterior y se codeó con los mejores exponentes. Participó de coloquios, frecuentó espacios de intercambio, se nutrió de un conocimiento vital para moldear su estilo. De ahí en más se hizo un nombre en la Argentina pero también en el mundo, haciéndose presente en cuanto festival se realizara en ciudades de América y Europa. La lista es impresionante. Ganó numerosos premios, ha editado libros y cds, y mantiene su vigencia en la actualidad con sus espectáculos unipersonales y como supervisora artística de narradores y espectáculos de narración oral escénica.


El espectáculo

Ana Padovani es una de las exponentes más valoradas en lo que se conoce como Narración Oral. Una actividad artística que, según afirma, puede considerase erróneamente “un género menor”. Por el contrario, subraya, es un arte que como práctica escénica requiere “respeto, trabajo y una rigurosa formación”. Desde esa posición Padovani arma sus presentaciones y así será este próximo 26 de agosto 20.30 hs. cuando haga su “Homenaje a grandes figuras argentinas”, espectáculo que une a nombres estelares como Roberto Arlt, Tita Merello, Roberto Fontanarrosa, Julio Cortázar, Pepe Arias, entre otros.

La cita es en el Salón Yapeyú, Colombres 420, a las 20.30 hs. La entrada es gratuita. Se pide a los asistentes traer un alimento no perecedero para ser destinado a comedores de la zona.


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