Cómo organizar provisoriamente al país

LUEGO DE LA INDEPENDENCIA
La nueva Nación se valió un reglamento transitorio para modelar su funcionamiento, previo a la sanción de una primera Constitución, en 1819.

El Congreso de Tucumán empezó a sesionar el 24 de marzo de 1816 y el 9 de julio se declaró la Independencia. Una vez cumplido ese propósito, quedaba pendiente ni más ni menos que la sanción de una Constitución que organizara en forma integral y definitiva a la nación. Yendo atrás en el tiempo, ese objetivo había quedado trunco durante la existencia de la conocida Asamblea de Año 13.

La caída de Carlos María de Alvear como Director supremo, el 15 de abril de 1815, se llevó puesta a la Asamblea que, entre otras cosas, también se había propuesto infructuosamente cortar definitivamente los lazos con España. En ese momento, fue el Cabildo el que asumió el mando y tomó dos decisiones: crear una Junta de Observación y un gobierno provisional en manos de José Rondeau, que como estaba en el Norte no pudo asumir y en su lugar ocupó el cargo interinamente Ignacio Alvarez Thomas.

La Junta de Observación tenían mucho poder y su tarea principal era elaborar un cuerpo legal que organizara circunstancialmente el territorio. Aprobó así el 5 de mayo de 1815 el llamado “Estatuto Provisional”, un largo documento inspirado en la Constitución española de Cadiz. Entre otros asuntos, establecía que las leyes deberían favorecer “igualmente al poderoso y al miserable” y que la religión del Estado sería la católica. De acuerdo a este cuerpo dogmático, era considerado ciudadano todo aquel que tuviera 25 años, hubiera nacido o fuera residente en el territorio del Estado, pero esa facultad se suspendía para aquellos que fueran “domésticos asalariados”, no tuvieran propiedad u “oficio lucrativo y útil para el país”. El Poder Legislativo recaía en la Junta de Observación, previa consulta con el Director de Estado -a cargo del Ejecutivo- y el Cabildo. La Junta gozaba de facultades significativas: podía remover Secretarios del Director, aconsejar medidas de gobierno, y hasta deponer al Director si éste violara el Estatuto. El Director duraba un año en su cargo.

El Estatuto de 1815 fue el recurso legal además para que el Director convocara a un Congreso que, ya se sabe, inició su actividad en Tucumán en 1816 con la aceptación de las provincias menos las que integraban la Liga Federal.

PueyrredonLa función constituyente del Congreso, luego de sancionada la Independencia, se inicia en noviembre de ese 1816 al dictarse un reglamento provisorio que los diputados venían debatiendo desde septiembre. Se trató para la mayoría de los historiadores, de una copia con algunas modificaciones del Estatuto de 1815. Se lo elevó al director supremo Juan Martín de Pueyrredón, quien le hizo algunas observaciones. El reglamento finalmente no fue sancionado.

Por cuestiones de seguridad, el Congreso se trasladó a Buenos Aires e inauguró sus sesiones el 12 de mayo del año siguiente. Se reflotó la idea de avanzar definitivamente en una Constitución pero eran tantos los frentes del conflictos -primordialmente la invasión portuguesa a la Banda Oriental- que no pudo ser posible. Entonces se le encomendó a los diputados Serrano, Bustamante, Zavaleta, Saenz y Paso, la misión de reformular el reglamento provisorio para satisfacer las exigencias de Pueyrredón. Dio a luz así el Reglamento Provisorio de 1817, que reproduce el de 1815 con algunas innovaciones.

Estas modificaciones en el fondo fueron sustanciales. Por ejemplo, mientras el Estatuto de 1815 decía que los gobernadores intendentes eran nombrados por los respectivos electores de las provincias y los tenientes gobernadores por el Director del Estado a propuesta en terna del Cabildo de su residencia; el Reglamento de 1817 fijaba que ambas designaciones quedaban “al arbitrio del Supremo Director del Estado, de las listas de personas elegibles dentro o fuera de la provincia”(1). El Reglamento de 1817 además suprimía la Junta de Observación, abolía las milicias provinciales, ponía a las milicias de Buenos Aires bajo el mando del Director, y se suprimía la cláusula que por mal desempeño habilitaba la deposición del propio Director del Estado.

Este Reglamento de 1817 acentuó el poder del Director Supremo, profundizó el centralismo de Buenos Aires en detrimento de las otras provincias y en su carácter unitario rigió provisionalmente hasta que se sancionara la Constitución de 1819.

(1) Historia Constutucional Argentina
José Rafael López Rosas.

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