El jardinero del país

thays01Carlos Thays transformó con sus creaciones la vida urbana de Buenos Aires y muchas ciudades del interior.

El paisaje urbano de Buenos Aires le debe tributo a un francés, un hombre multifacético que nació en París pero fue en la Argentina donde desarrolló la mayoría de sus obras. Cuando a Carlos Thays lo designaron como director de Parques y Paseos porteño, le dio a la ciudad capital una identidad.

Thays se formó con Edouard André, el mejor paisajista francés del siglo XIX y vino a nuestro país tentado por un proyecto a realizarse en Córdoba que finalmente quedó trunco. Cuando pensaba ya en la vuelta a su tierra, le cayó la invitación a vestirse el traje de funcionario. Y de ahí no paró en su afán de modelar con visión de futuro, tal cual artista, la escenografía urbana de distintos territorios nacionales.

Contribuyó a su labor el espíritu de una época y una generación que apostó al porvenir con la mirada en la moderna Europa. Thays fue el hombre indicado en el momento justo. Con su pasión y empuje dio las formas definitivas a Palermo, Parque Centenario, Plaza Lavalle, la Plaza Congreso, Barrio Parque, el Jardín Botánico y decenas de plazas de barrio. Plantó 150 mil árboles en toda la ciudad. En cada rincón, según su criterio, debía haber ejemplares en floración y en función de ello ideo una estrategia a muy largo plazo. Lo mismo hizo en otras ciudades del país, como Mendoza, Salta, Mar del Plata, Tucumán, Paraná...

thays02De todas sus creaciones, el Jardín Botánico –al que Borges definió como “astillero silencioso de árboles, patria de todos los paseos de la capital”- tenía para él una connotación especial; por algo allí, bien en el medio del parque, vivió con su familia en una casita extraída de un cuento.

Thays, como todo tipo extraordinario, además de genio creador era un trabajador infatigable. Generaciones enteras, que disfrutaron de su talento, confirmaron ese apego al trabajo, incansable en su oficio, siempre estimulado por un amor incondicional a las plantas. “Él mismo diseñaba y dirigía las obras; no tenía equipo. Era una máquina, trabajaba 20 horas por día”, afirma Sonia Berjman, doctora en Historia del Arte.

Estuvo en el cargo de 1981 a 1913, lapso durante el cual se sucedieron cinco presidentes, y en 1934, en plena década infame, su vida se apagó para siempre.

Thays había sido un exponente de una clase, pero su aporte al mundo cotidiano del ciudadano, por encima de las diferencias, lo transformó en un ser popular en el sentido del conocimiento y respeto que por él se tenía. Berjman asegura que “la gente lo adoraba”, al punto que una multitud acompañó su féretro en el camino hacia el cementerio de Chacarita. En las fotos de su entierro que publicaron los principales diarios se ve despidiéndolo a obreros, estudiantes, funcionarios y gente de alcurnia.

thays03Obsesión

Creó los espacios verdes más importantes de la Argentina -públicos y privados- con un solo propósito: no dejar calle sin árboles ni árbol sin flores.

Día del árbol

Thays admiraba a Sarmiento, que en sus luces y sombras, también pensó el país con mirada de trascendencia. Entonces no resulta extraño que al paisajista se le haya ocurrido instaurar el 11 de septiembre –fecha del fallecimiento del ex presidente- como el día del árbol. En Buenos Aires se recuerda con nostalgia aquellas jornadas que servían de excusa para que las familias participaran de la plantación de árboles en las plazas.

Yerba mate

A Thays lo desvelaba un tema, y no paró hasta irle de lleno. Se puso como meta investigar los métodos de germinación de las semillas de yerba mate, para producir en gran escala el producto y satisfacer de este modo el consumo interno. Su amigo Honorio Leguizamón le hizo llegar desde Paraguay las semillas y se enfocó a un estudio exhaustivo que derivó en una metodología exitosa que dio lugar a una próspera industria.

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