Mayo 2019

El ejercicio de la medicina y los Sistemas de Salud están desde siempre, y cada vez más, influenciados y hasta condicionados por el incesante desarrollo tecnológico.

La vorágine innovadora se expresa con una monumental oferta, constante y creciente, de nuevos dispositivos de todo tipo.

Permanentemente se presentan nuevos productos al servicio no sólo de mejores métodos diagnósticos y terapéuticos, sino también de la seguridad, confort y accesibilidad de los pacientes al Sistema.

El ritmo con el que se crean nuevas necesidades, hace casi imposible una evaluación certera en términos de eficiencia y eficacia de todo lo que se ofrece minuto a minuto.

En ocasiones, la fuerza del mercado supera el criterio científico, y ni qué hablar de las prioridades de un Sistema de Salud, imponiéndose la utilización de determinados productos, métodos o insumos de dudoso o nulo beneficio para el paciente, que además ganan cada vez mayor participación en el gasto sanitario, a expensas de la progresiva caída del valor del honorario médico.

Como se dijo más arriba, el catálogo de ofertas no se limita a la aparatología, medicamentos o prótesis, sino que también avanza sobre la manera de brindar prestaciones de salud.

Tal el caso de la cada vez más presente ¨Telemedicina¨.

Se ve desde hace ya un tiempo, atractivas publicidades de Sistemas Privados que venden Telemedicina entre sus productos de atención de la salud.

No está muy claro si lo que se ofrece son consultas telefónicas, medicamentos a domicilio, interconsultas con centros asistenciales del exterior, o todo junto y mucho más.

Está claro que si la competencia comercial lo impone, los sistemas gremiales también deberán sumarse al coro de la atención express.

No obstante, no podrá soslayarse analizar seriamente esa novedosa manera de proveer atención médica tanto en el plano profesional como en su dimensión ética.

En ese sentido tal vez sea útil tener en cuenta las recomendaciones de la OMS respecto a la utilización de este tipo de insumos, por cuanto su aprovechamiento comercial, no siempre responde al verdadero valor del servicio.

En líneas generales, se destaca el valor de la tecnología al servicio de la emisión de notificaciones de corte sanitario, respetando siempre contextos de seguridad y privacidad.

Esas mismas condiciones se plantean como absolutas cuando la Telemedicina está referida a la relación médico/paciente, pero que además siempre tendrá el carácter de complementario y no de reemplazo del acto médico convencional.

También se hacen estrictas observaciones respecto a la privacidad de los datos, estandarización de procedimientos, protocolos, consentimiento del paciente, acreditación profesional, etc.

En definitiva, lo que queda en claro es la necesidad de evaluar seriamente la incorporación de nuevas tecnologías, y proteger el acto médico en todo el espectro de la relación con el paciente.

Está claro que la Telemedicina en el marco de los recaudos antes expresados, podrá aportar algunos beneficios a la gestión de servicios médicos.

Está claro también que nunca el call center reemplazará al médico.

COMISIÓN DIRECTIVA