Septiembre 2018

Suele decirse que los temas de Salud no ocupan un lugar destacado entre las preocupaciones de la sociedad.

Cuando observamos las encuestas acerca de los temas prioritarios para la población, los primeros puestos se alternan entre las cuestiones económicas, desempleo, inflación, inseguridad, y de la mitad de la tabla para abajo aparece alguna inquietud acerca de los servicios de salud.

Muy diferente a lo que ocurre en países más desarrollados, que aún poseyendo Sistemas de Salud más ordenados y con mejores estándares de calidad, generan en la población un mayor interés por su funcionamiento. Pueden mencionarse entre ellos, algunos casos emblemáticos, como Inglaterra o Canadá.

Sin embargo, en nuestro medio, la atención de la salud, y en particular las cuestiones médicas, ocupan recurrentemente espacios de relevancia en los medios de comunicación. En ellos es habitual encontrar noticias en las que los médicos pasamos de héroes a villanos, casi sin solución de continuidad.

Seguramente resulte aburrido, y como tal poco rentable, contar el día a día de la profesión en su verdadero contexto, y de allí que se torne mucho más atractivo mostrar la espectacularidad de un exitoso trasplante o las terribles consecuencias de una prejuzgada y por tanto condenatoria mala praxis.

Últimamente, asistimos a una variante novedosa en la que se intenta develar un supuesto detrás de escena de la actividad médica. Suponiendo ciertas conductas que al borde del escándalo, podrían hacer peligrar la seguridad de los pacientes, o cuando menos mostrar que los médicos tomamos a la ligera el sufrimiento ajeno, y bordeando la perversión, hasta nos divertimos con nuestra práctica, en detrimento del respeto por los enfermos. Tal fue el caso difundido hace pocos días, respecto de colegas que se tomaron una foto en un quirófano.

Aparecía el equipo de trabajo, sonriente, como en un brevísimo intervalo en la tarea, con aparentemente un paciente sobre la mesa de operaciones. Ni una sola imagen que pudiera develar identidad del paciente, ni del acto quirúrgico.

Ni morbo, ni falta de respeto, ni negligencia, ni nada.

Tal vez se equivocaron en compartir ese registro por las redes, aunque a esta altura, tratar de evitar la presencia de cualquier hecho de la vida cotidiana en las redes sociales, es casi una quimera. Y por otra parte fue la propia prensa la que se encargó de difundir la imagen. Además podrán verse cientos de fotografías en internet, en la que prohombres de la medicina aparecen en plena tarea, con gesto más adusto o más divertido, sin que nadie ose dudar de su calidad científica y humana.

Apenas el retrato de un equipo de trabajo que acompaña el sufrimiento del prójimo y trata de ayudarlo. El pecado parece estar en las sonrisas.

Tal vez no se les perdone que a pesar de todo, trabajen con alegría.

Comisión Directiva
Círculo Médico Lomas de Zamora