Marzo 2017

“La lapicera del médico”, es la vieja frase con la que suele expresarse la incidencia que sobre los sistemas de salud, ejerce la prescripción del profesional.

Vale la pena señalar que no se trata de una mera metáfora, sino que conlleva una fuerte crítica a indicaciones médicas que no siempre responden a patrones científicos, con el debido respaldo académico, consensos internacionales, etc.

Puede tratarse de medicamentos, prácticas diagnósticas o terapéuticas, o la provisión de cualquier elemento vinculado con la atención de la salud, que no son justificadamente indicados.

En ocasiones, la lapicera pasa a convertirse en un misil que apunta al corazón del sistema, obligándolo a dar cobertura a prestaciones que no aportan nada a la calidad de la atención.

Lastima también el esfuerzo de la enorme mayoría de los colegas que ejercen su trabajo honestamente y sufren la merma de sus honorarios que permanentemente se deterioran en favor de los altísimos costos que generan las prescripciones a las que nos estamos refiriendo.

El fenómeno es muy complejo, por cuanto se superponen diversos factores.

Por supuesto que en general prevalece el interés económico, la presión de un mercado imperfecto como lo es el de la salud, que termina imponiendo productos con más marketing que ciencia, las exigencias de la sociedad que le pide al médico lo que conoció a través de internet, la ignorancia, y muy especialmente la existencia de un tercer pagador.

Esto último, se trate de Obras Sociales, Prepagas o del propio Estado, es el eje de la cuestión, en cuanto son sistemas a los que cada vez les resulta más difícil asumir el incremento de costos que genera naturalmente el avance de la tecnología al servicio de la salud, se trate la farmacoterapia, aparatología, nuevos materiales protésico u ortésicos, etc.

Esto que resulta difícil, se torna imposible si la prescripción no es ajustada a la verdadera necesidad y razonabilidad.

Los intentos para corregir esos desvíos vienen fracasando sistemáticamente, por cuanto cada vez se gasta más, los honorarios por el trabajo profesional son peores y el financiamiento del sistema está crónicamente en crisis.

Y esto seguirá siendo así mientras no tomemos conciencia que médicos, pacientes, proveedores y prestadores de servicios somos parte del sistema.

De lo que hagamos hoy dependerá la capacidad de respuesta del sistema a la hora de atender nuestra necesidad.

Comisión Directiva
Círculo Médico Lomas de Zamora